jueves, 13 de diciembre de 2007

Sobre animales y otros asuntos

Por Francisco Aguirre Andrade
(interpretó el papel de “Jesús” en la película “Qué tan lejos…” de Tania Hermida)

Me agarraron en curva y firmé. Ahora me siento obligado a escribir sobre las salvedades de esa futura posible legislación; se trata de una legislación contra el maltrato a los animales y su salvedad son las prácticas simbólicas y rituales de la tradición.

Más allá del valor doctrinario o dogmático que pueda tener una práctica ritual para una comunidad de creyentes, tiene el valor cultural universal de la lectura simbólica posible sobre la vida y el mundo así como el revivir mediante actos los fundamentos de la conciencia de existir.

Rito, según varios estudiosos, entre ellos el padre Marco Vinicio Rueda, (lo escuché en una clase), significa símbolos en acción.

Las raíces de la palabra símbolo son: sin= juntar y ballein = lanzar. Juntar lo que fue lanzado. Una señal nos remite a un drama pasado: cósmico, evolutivo, histórico.

Muchos ritos han salido del ámbito religioso y se los encuentra en el arte, el circo, el deporte, etc., éste es el caso de la corrida de toros. Sé que por esta afirmación, habrá quienes me corten el saludo y quienes me griten en la calle.

Aquí, cuando digo que han salido del ámbito religioso, hablo de religión en los términos convencionales que hoy se entienden: religión = doctrinas, dogmas, instituciones jerárquicas; y, no en los términos primigenios que nos habla de religar, volver a unir, volver a ligar, perspectiva desde la cuál, éstas prácticas nunca han dejado de tener un fondo sacro, a veces son reminiscencias leves y a veces son actos superiores en intensidad y efecto a los que el mundo moderno de la diplomacia y la superficialidad conciben como religioso. El desafía y el juego cuya maestría consiste a veces en extender el tiempo de lo inevitable por los misterios de la pasión, hay quienes hablan del milagro del tiempo eterno.

Es poco lo que sé de toros, casi nada.

Sé que es quizás la única ceremonia viva de enfrentamiento entre la geometría y la fuerza que aún pervive en occidente. El peso promedio de un toro de lidia es de ochocientas libras, con la fuerza que despliega el dolor de un animal herido es con la que se enfrenta el torero, por eso; si bien es desigual la relación entre el toro y el torero, es también una desigualdad bastante relativa. El toro tiene un radio de visión corta, casi recta, no ve a los lados y, el arte del torero consiste en situarse en los bordes de la visión del toro, de manera que el toro en los momentos de gran cercanía vea a la capa y no el cuerpo del torero, es una danza con la muerte.

Una persona puede caminar cien metros sobre una franja de treinta centímetros de ancho, pero si al lado y lado de la franja en la que camina hay precipicios, la caminata se convierte en una prueba de temple.

El toro es negro como la representación universal de lo desconocido, como la fundición del todo. El torero lleva un traje de brillos como el sol, la razón y el pensamiento ha sido universalmente relacionado con la luz, también porque la cabeza es´ta en la parte superior del cuerpo como el sol, la luna y los astros en la parte superior del cielo. A veces el torero lleva un traje negro con plateado, allí sólo está la música interna de la sangre ante el cataclismo de la muerte mientras dure la fuerza enfierecida. Muerte del toro o del torero, vence la luz del entendimiento humano, el cálculo convertido en geometría corporal o la fuerza del destino y los acontecimientos, la fuerza del animal herido.

No digo que las corridas de toros no sean crueles y es legítimo que haya gente que a más de no gustarle prefiera su desaparición. El problema de la oposición a una práctica tradicional es que fácilmente puede trasladarse a otras que forman la esencia de identidad y afirmación cultural de diversas colectividades: los sacrificios de la religión Yoruba, mal llamada santería y las limpias, curaciones y diagnósticos de la medicina tradicional indígena que se realizan con cuyes, por poner otro ejemplo.

Podríamos hablar también del sacrificio del gallo, con el que se inicia o se iniciaba (no tengo información reciente) el carnaval de Guaranda para fertilizar la tierra con sangre y saludra el regreso del Inca; dicen que cuando murió Atahualpa cantó un gallo y que por eos gallina en quichua se dice atillpa o atallpa.

En el Azuay existen también ritos de sabre como el gallo pitina de Cumbe o el sacrificio del toro en Girón. Creo que no sólo es necesario respetar sino también proteger todos los registros de la cultura humana: ritos, libros, lenguas y lenguajes.

Un ritual es revivir un drama ancestral, histórico o mítico, un segmento del tiempo en la conciencia. La ritualización de la vida permite también que la agresividad o potencial enemistad entre los pueblosy las personas, se canalicen en juegos acordados. Creo que suprimir una práctica ritual esté o no en envoltura religiosa es tan criminal como quemar un libro. Hablo de ritos que si son entre seres humanos deben ser practicadas por acuerdo mutuo y si son en acción con la naturaleza no pongan en riesgo el equilibrio ambiental. Si eso ocurre, el reemplazo de prácticas y su evolución hacia otro tipo de signos, debe darse dentro del concierto vital de quienes comparten ese universo simbólico y serán las estructuras políticas de cada tradición simbólica, consejos de ancianos, por ejemplo, las fundamentales para la reelaboración de prácticas y nuevas interpretaciones.

Volviendo a los toros: cada vez que he hablado de esto, me topo con personas que tienen una posición al respecto, lo cual es muy respetable, pero se niegan a oír un pensamiento distinto al suyo, al igual que en otros tiempos había gente que se negaba a oír explicaciones científicas opuestas a los dogmas religiosos o que no se atrevía siquiera a pensar en el derecho a ejercer de manera libre la sexualidad; esto todavía sucede mucho y se niegan a ver en los toros, todo lo que no sea crueldad o barbarie; los símbolos, pese a ser el sustrato de la conciencia parece que no son tomados en cuenta.

De lo que sé, la corrida de toros más antigua tal como hoy la conocemos (corríjanme si me equivoco) data de alrededor del año 1300 de nuestra era, arqueología viva de setecientos años. Suprimir las corridas de toros, sería suprimir un gran trozo de historia; si esto sucediere, que no se reedite la inquisición y se proteja por lo menos el registro fílmico, gráfico y literario de este patrimonio, que no corra la suerte de valiosos documentos destruidos por la negligencia o la información sobre el mundo prehispánico perdida para siempre por la brutalidad de los conquistadores amparados en lo que consideraban la misión divina de eliminar la idolatría.

El toro en el burladero nos remite la Minotauro en el laberinto.

Creo que las corridas de toros, se han vuelto el chivo expiatorio de una mala relación del ser humano con la naturaleza.

Se sabe que se crían pollos forzados a crecer en tres semanas, más o menos, lo que de manera natural deberían crecer en cuatro meses; viven hacinados en espacios chiquititos que casi no les permite moverse y con los picos cortados APRA que no se maten entre ellos.

La destrucción de los hábitats naturales es la principal causa de la desaparición de especies, las transnacionles, los grandes poderes y la alienación del ciudadano común que cree que ser alguien en la vida es tener dinero, estatus o las dos cosas, al precio que sea, son quienes más atentan contra el equilibrio y la armonía natural.

En Cuenca hay una bandada de loros, escapados del cautiverio, volvieron a ser salvajes y vuelan de lado a lado de la ciudad, su existencia y continuidad depende también de que no se talen ciertos árboles.

Se deben proteger árboles de determinadas edades y especies y creo que debe ser una decisión urgente, a manera de ordenanzas, hasta elaborar una ley de patrimonio natural urbano; las autoridades deberían dictarlas ya porque no faltará quién aproveche el tiempo para llenar de cemento todo lo que alcance y construya rentables sitios de estacionamiento a costa del oxígeno, la sombra, el espacio y la reproducción de las aves que son a su vez difusoras de semillas.

Árboles de determinadas especies y edades tienen que ser considerados de valor patrimonial y debe prohibirse su corte, estén o no en propiedad privada.

Volvamos a los toros.

El toro de lidia vive como rey hasta el día que va a morir, podría vivir si le dan el indulto, lo cual en las reglas del toreo sucede muy pocas veces pero cuando así pasa es apoteósico. Desde otra altura, sería la reconciliación de la razón con el destino.

Me adelanta a los contraataques repitiendo y reafirmando algunos preceptos base de este escrito.

Se me dirá que validar una expresión por el hecho de haberse mantenido en el tiempo sería como validar el maltrato a las mujeres por ser una práctica de la tradición ancestral; a eso respondo que los ritos, las representaciones, los juegos, la fiesta con un guión básico, vienen de la cultura, repercuten en ella y tienen la posibilidad de modificarla, de moderar comportamientos desbordados al dar un tiempo y un espacio para desbordarse y hacer que los torrentes de la pasión y el deseo fluyan por canales; es decir, es dentro de ese juego de representaciones donde podrán cambiarse ciertos referentes guías de la conciencia.

Si todos los tratos buenos y malos fueran representados, ritualizados y ubicados en un tiempo y un espacio, es posible que la violencia cotidiana disminuyera considerablemente.

La guerra acordada en el Solsticio de Verano entre comunidades indígenas andinas, bajo la forma del Inti Raimi o San Juan, además de hacer un tributo con sangre a la generosidad de la tierra, puede también exorcizar un año de potenciales disputas. Creo que la sociedad contemporánea adolece, entre otras cosas, de un espacio y un tiempo de trastorno en la que el ser pueda romper la represión y desatar todas sus fuerzas lúdicas y creativas.

A tiempos sacros como el carnaval, se los intenta suprimir en nombre de la civilización (léase formatos y horarios, cordialidad burocrática y ausencia sentimientos fuertes), del orden, del trabajo, de la razón, de la urbanidad o del francesísimo derecho a no ser tocado; derecho en el que yo también creo, pues la sociedad contemporánea es lasciva por su alto grado de represión sexual, además, nadie tiene derecho de infringir dolor a otra persona sin su consentimiento y nadie es quién para transgredir los hábitos particulares de cercanía física de las distintas culturas; en nuestra cultura urbana del extremo occidente, los límites de cercanía física son bastante imprecisos, cambian constantemente por las relaciones interculturales y varían mucho entre regiones e individuos. Sería importante hacer un examen sincero de nuestros gustos y predilecciones: qué tanto son nuestras y qué tanto prestadas son nuestras afirmaciones y posturas. A mí me gustan también los juegos en que tocamos, despertamos animales dormidos, formamos una gran masa de calor o somos parte del flujo plácido de una elevación colectiva.

Creo que la oposición radical a las corridas de toros obedece de manera inconsciente más que a un rechazo a los tratos crueles contra los animales, a un sentimiento anti español y sobre todo a una necesidad de distanciarse de los signos de una clase feudal terrateniente de la sierra ecuatoriana; rechazo por demás legítimo y justificado si revisamos nuestra realidad cotidiana e histórica. Sin embargo, suprimir una expresión de la riqueza simbólica de una cultura por identificación con una situación histórica partiucular, por dura o injusta que sea, es una acción fóbica irracional que atenta contra los derechos particulares de la diversidad cultural humana; de allí, a perseguir a los oficiantes religiosos afro americanos o a los médicos tradicionales indígenas hay un paso y, esto, solo depende del sector social que detente el poder.

Unos crecen con el desafío y otros con el pacto o la contemplación y todo eso compone la riqueza patrimonial de la diversidad humana.

Creo que es legítimo que donde no ha habido tradición taurina no se la instaure, si esto significa violentar las bases cosmogónicas que han formado un tipo especial de sensibilidad en un particular conjunto humano; pero, donde sí existe la tradición (hoy llamada afición) sea España o Quito está bien que se la mantenga. Dirán cómo así en Quito si en América ni siquiera habían esos toros, yo respondo: tampoco había Cristianismo.

La afirmación de los derechos culturales se tiene que equilibrar con los derechos universales de libertad individual y colectiva. El derecho de las colectividades a no ser aplastados por los grandes poderes: trasnacionales, estado, poder clerical, ideología dominante, etc., y el derecho de los individuos a no ser aplastados por la colectividad a la que pertenecen.

Las oposiciones entre colectividad e individuo, dinamismo revolucionario y tradición, razón y placer no son irreconciliables sino más bien complementarias y necesarias en el desarrollo de futuras síntesis de las que se nutrirá la cultura humana.

Las fobias hacia el otro no han hecho más que sepultar información y referentes de lo que luego la historia y las nuevas generaciones lamentan mucho.

Es posible que ocn el tiempo desaparezcan las corridas de toros, la cultura siempre cambia, es posible que en un futuro próximo nuestra alimentación principal sea a base de insectos.

Hoy por hoy, nuestra cultura contemporánea es esquizoide, comemos carne pero nos espanta ver sangre; sin embargo, alguien tiene que matar los animales para que podamos comer y así la discriminación entre seres humanos se perpetúa. Creo que si comemos carne (yo sí como carne, por si acaso) debemos, aunque sea una vez en la vida, pasar por la experiencia de matar una tórtola y comérnosla, por poner un ejemplo.

Hay en múltiples ritos ancestrales las claves para reestablecer nuestra relación ancestral con la sangre, quizás así dejemos de creer que los alimentos emergen mágicamente del supermercado y que los pesares y desafíos que producen el pensar en la vida, el amor y la muerte se arreglan con un fármaco.

Quizás en otro tiempo habrá otros caminos para recordar que tenemos un entendimiento luz para hacerle el quite a la muerte mientras la respiración no descanse. La representación es conjura y dominio de las fuerzas, si no hubiéramos descubierto los misterios del canto y de la danza, es posible que al final de nuestro cada día terminara en orgía o en asesinato. Mucho le debe la paz del mundo, al juego, al rito y a la fiesta.

Confío en la seriedad de palabra de quienes me pidieron la firma y que de verdad contemplen estas salvedades tradicionales si queremos ser coherentes con un principio de respeto a la diversidad de la cultura.

América es el único continente extendido de polo a polo y, nosotros, estamos en la mitad de este gran territorio. La lucha continental por el laicismo, la educación científica, los derechos civiles de los pueblos, colectividades e individuos, implica también el respeto a toda expresión cultural y religiosa adoptada libremente por quien la practique siempre y cuando no atente contra la integridad de otro individuo, de otro conglomerado humano o del medio ambiente común.

Tiene, todo el continente americano, que convivir las estructuras simbólicas nativas con las estructuras simbólicas sincréticas y con las particulares y diversas estructuras simbólicas del Ecumenio. Nuestra ilustración depende de la cantidad, calidad y diversidad de estructuras simbólicas que dominemos, en las que nos movamos y con las que nos relacionemos.

Estas estructuras simbólicas están en la palabra hablado o escrita, en la representación, en los ritos, en los juegos, en los sistemas, en los íconos; todos estos son fuentes de información, memoria y pasión. Destruirlos es destruir conocimiento, un crimen de lesa humanidad como lo es el que comete el sistema capitalista al botar toneladas de alimentos al mar para mantener precios, si estos excedentes alimenticios fueron entregados a los sectores empobrecidos y necesitados de la humanidad estarían aliviando la vida a un sector humano excluido de comprar y consumir y por tanto no afecta a ningún mercado.

El mundo es capaza de ponerse de acuerdo para destruir un país en una semana, pero no es capaz de ponerse de acuerdo para aliviar a un continente del hambre.

Conservar las fuentes de información es tener la posibilidad de vivir, de sobrevivir o sobrellevar las crisis sucesivas que la evolución nos presente.

No creo en la rivalidad entre tradición y ruptura creo que ambas se necesitan y se vigorizan mutuamente. Creo necesario incorporar referentes culturales diversos y múltiples que hagan contrapeso y provoquen reflexión y distancia frente a un bloque ideológico dominante que se muestra como único; hay que recuperar y fortalecer los saberes, visiones de la vida, encuadres existenciales, caminos interiores individuales y colectivos (hay sueños y delirios colectivos) priorizando, como en una correcta política ecológica, el fomento a lo que se encuentre en condiciones frágiles y en peligro de desaparecer. Junto con eso creación y recreación libre, expansión de la potencia lúdica e la libertad de la creación artística.

Toda visión del mundo merece ser expresada y no sólo se expresa con palabras, hay el rito la fiesta y toda representación. En la expresión de la diversidad se encontrarán y contrapondrán relaciones distintas con la realidad, y prevalecerán o se harán dominantes las que sigan empantanando con el universo interno de las personas.

Se ataca una especial relación con el reino animal, por ser especial es un producto elaborado de la cultura, por lo general desde la vivencia urbana de quien su única relación con la naturaleza es la de sus funciones orgánicas, no quisiera pensar que los militantes de causas que consideran ecológicas, no tengan la elemental coherencia de separar la basura ni la conciencia del recurso biológico básico que se desperdicia al no hacerlo: oxígeno, humus, alimento, vivienda para la fauna.

Ojalá las fuerzas del mercado dejen de dominar las dinámicas humanas pero mientras eso no suceda, la raza de toros de lidia dejaría de existir si se suprimirán las corridas de toros. Sería respetable que los detractores de las corridas de toros compraran toros de lidia y les dieran una vida digna, como lo que intentaron hacer militantes ecologistas al comprar tierras en Mindo e impedir el paso de la O.C.P. (Oleoducto de Combustibles Pesados), ahí se chocaron contra el poder del estado y los compromisos económicos del comercio internacional y de algún modo se evidenció lo amarradas que están las leyes a los irracionales condicionamientos del dinero.

En este mundo hay de todo, tanto a nivel de pueblos como de individuos, nuestros cromosomas contienen información múltiple y contraria. Hay pueblos que requieren del contacto con la sangre para recordar el valor total de la vida, otros en cambio tienen como tabú el matar animales y son vegetarianos desde hace milenios. La cultura cambia y oponerse a los cambios es oponerse a la evolución, pero los cambios que no se dan por una dinámica interna propia que de algún modo son impuestos y presionados desde el exterior tienen efectos contraproducentes a más de la brutalidad que implica una destrucción indiscriminada que acaba por igual con lo decadente y oscurantista como con lo bello y digno de continuarse.

Todas las formas de mirar el mundo y de comulgar con él tienen derecho a existir y expresarse, reprimir cualquiera de ellas es atentar contra el derecho a no ser discriminado.

Es lícito declarar territorios libres de corridas de toros, pero no donde hay una tradición de eso. En nuestro continente a más de la información autóctona que debe ser visualizada, fortalecida, afirmada y asumida, están los sincretismos simbólicos del mestizaje y las diversas y particulares cosmovisiones de los múltiples y diversos pueblos que en esta tierra habitan.

Mi apuesta es que podamos vivir todos.

Sé que es un tema bastante complejo y da para largas discusiones. No quisiera que un desacuerdo puntual como éste bloquee un proceso de relación entre quienes formamos un amplio espectro de posturas críticas al sistema dominante. Muchos cabos quedan sueltos y ofrezco posteriores entregas para profundizar detalles.

4 comentarios:

nelson ole dijo...

TEMOS que entender que cada persona esta en la libertad de creer en lo que su concepción ideológica le parezca por eso es importante defender una tradición que empezo en Ecuador y en especial en Quito desde los tiempos en que las corridas de toros se hacian en la plaza de la independencia pasando por la plaza arenas y la belmonte para al final remontarnos a la monumental Quito que es una de las plazas mas vistozas del mundo y peculiares que no les pide favor a la las ventas en espeña y la monumental de mexico somos parte de esta hermosa tradición y tenemos que defenderla porque "el los pitones del toro el torero con su hombria pone su vida en juego y deja su sangre y sudor por un arte que vivirá mientas existan hombres que se enfrenten con valentía no solo al toro si no que desde las tribunas griten con fervor un OOLEEE" palabras de NELSON R MAILA AFICIONADO DESDE LOS 11 AÑOS Y QUE HOY TIENE 12 AÑOS VISITANDO LA MONUMENTAL QUITO

Tina, en defensa de los animales dijo...

Sería imposible ponerse deacuerdo con quién justifica su egoismo a través de cultura, deporte, tradición y lo demás, creo imposible que cercanos a la desaparición de la especie humana en este planeta (si dudan sobre esto revisen lo que se concluyó en clima latino) se insista en reivindicar prácticas especistas, la megalomanía humana, la insesibilidad y la aberrante manía de tratar a los animales como objetos es propio de seres retrogrados y egoistas.
Nuestro mundo debe cambiar, hablo de nuestra mundo como representación, porque de lo contrario no habrá animales, naturaleza y humanos vivos.
Además si se insiste en reivindicar prácticas,llamadas ancestrales, matar cuyes y degollar gallinas, porque no se investiga el tema y se concluye por ejemplo que nuestra alimentación andina se sustentaba en protehinas vegetales y de ves en cuando animales, y que por sobre todo: toros no existieron jamás en esta parte del mundo, puesto que estos animales hermosos acaban con la flora endémica, por ejemplo los páramos, de donde orgullosamente dicen es el toro de lídia ecuatoriano.
No espero mucho de los lectores de este blog al rededor de mis ideas, puesto que hablo de generosidad y respeto, que son términos desconocidos en quienes someten a un animal y retrogradamente insisten en que los admiremos por su covardía.
Si esperar nada a cambio.
Jonathan Melo

Ana Karen dijo...

¿Qué tiene de hermoso ver como un animal inocente agoniza? Esa siempre ha sido mi duda con respecto a las personas que gustan de esta masacre.
Francamente creo que no hay justificación alguna para estos actos aberrantes, ¿qué derecho tenemos los humanos de apropiarnos de la vida de otro ser? Me parece indignante y más que nada, REPUGNANTE. Ojalá pronto termine, aunque a algunos les parezca imposible.

Anónimo dijo...

La profundidad de un texto que refleja la profundidad de la vida (cuando se la quiere vivir de esa manera)y la profundidad del toreo...