lunes 6 de julio de 2009

Sobre las Corridas de Toros

Fotografía: Alberto Suárez

La búsqueda del placer como fin en sí mismo no suele enaltecer a quien lo practica, sino que lo habitual es que lo degrade. El hedonismo puede estar centrado en una actividad tan recurrente como la sexual o en la mera actividad de cazar o de pescar por simple afición, por el disfrute de hacerlo y no por buscar alimento necesario para la supervivencia o, como sucedía en tiempos pretéritos en muchos casos de caza, para entrenarse para la guerra. Loamos, pues, las revolucionarias medidas tomadas durante el III Reich de, en un principio, restringir severamente ambas actividades y, finalmente, prohibirlas totalmente.El cientifismo negador de cualquier Realidad que se encuentre fuera de sus limitaciones cognitivas y que anteponga cualquier posibilidad de progreso material a los principios de la ética, también sufrió un duro revés cuando la Alemania nacionalsocialista prohibió -caso único en el mundo- la experimentación científica con animales vivos: la vivisección.

Hay muchos de nosotros que se oponen a las corridas de toros siguiendo con esta defensa ética de los animales y lo que se va a pretender en este escrito es precisamente lo contrario. Esto es, echar un capote a favor de la tauromaquia.Podríamos empezar hablando de lo que representa el toro bravo para la identidad de algunos países como España, donde encontramos su cabeza o su cuerpo entero esculpidos en diferentes soportes desde hace, incluso, varios miles de años y en donde es indisociable de multitud de fiestas y de todo tipo de tradiciones locales a lo largo y ancho de toda su geografía.Pero hasta podríamos recurrir, y recurriremos, a argumentaciones sacras para defender la tauromaquia, puesto que probablemente representa un vestigio de ritos sagrados de épocas ya alejadas en el tiempo. En los mitos y leyendas de las diferentes tradiciones de los pueblos indoeuropeos siempre fue un tema recurrente el de la lucha de dioses o héroes contra titanes, gigantes, ciertos animales y todo tipo de monstruos. Lucha que simbolizaba el enfrentamiento cósmico del Espíritu contra la Materia o la disputa que en el interior del hombre acaecía entre las fuerzas que tienden a llevarlo hacia lo alto y las que pretenden arrastrarlo hacia lo bajo. En Persia, un pueblo indoeuropeo como el iranio representó esta lid metafísica enfrentando al dios-héroe solar Mitra y al toro.


El toro adquiría el papel de las pasiones, de los bajos instintos, de la sensualidad y de la animalidad que impiden el triunfo y el imperio de la esencia divina que anida en el interior del ser humano. De este duelo mitológico salió victorioso el dios que, al matar al toro, hizo que la Luz se impusiera sobre las Tinieblas.Mitra entró a formar parte del panteón romano gracias, sobre todo, a que miles de sus legionarios acabaron adoptando el mitraísmo en sus prácticas religiosas, atraídos por los atributos de lucha, guerreros, representados por el dios.Uno de los ritos más importantes que tenían lugar en los templos consagrados a esta divinidad tenía que ver con ceremonias iniciáticas en las que -representando a Mitra- un sacerdote sacrificaba a un toro, cuya sangre caía, a través de una especie de rejas que hacían de suelo, sobre un iniciado en estos cultos que se hallaba situado en un piso inferior.El recuerdo, quizás bastante inconsciente sobre su significado, de este ritual de sacrificio seguramente dio pie al inicio del hoy también conocido como Arte de Cúchares; esto es, de las corridas de toros. Arte que, tengámoslo en cuenta, es propio de zonas -España, Portugal y sur de Francia- que habían formado parte del Imperio Romano.Pero también podemos defender la tauromaquia cambiando visceralmente de argumentos.


Pues si la mayoría de sus detractores lo son debido a los supuestos sufrimientos que puede padecer el astado, nosotros les recordaríamos que el toro de lidia nace para la pelea, se prepara para ella en las dehesas enfrentándose a otros machos, movido por su naturaleza combativa o para poder tener la exclusividad de la procreación con las hembras, y, por tanto, vive su acontecer en el coso taurino como una puesta en práctica más de sus atributos innatos. La bravura con la que embiste dispara unos niveles de adrenalina que, a buen seguro, le hacen prácticamente insensible al dolor. Extrapolando la situación al ser humano, y con el objeto de hacer más comprensible lo que acabamos de exponer, ¿quién de nosotros no habrá recibido alguna vez un fuerte golpe, en el transcurso de una pelea, que nos haya causado un fuerte traumatismo o hematoma debido a la violencia del mismo y que en el instante de haberlo recibido apenas nos dolió o, incluso, no lo notamos en absoluto? Algún caso recordamos de alguna víctima de agresión, protagonizada por varias personas, comentando posteriormente que el navajazo recibido, y no visto, fue confundido, en el momento de ser víctima de él, con una patada.¿O no hemos leído alguna vez relatos bélicos de alguna contienda histórica en los que el soldado que recibe un balazo, o varios, siempre afirma sentir sus impactos no como aguijonazos agudos de dolor sino como golpes no especialmente dolorosos? Pues bien, si la adrenalina consigue estos efectos analgésicos en el hombre, ¿qué efectos no conseguirá en un animal nacido y criado para la brega como lo es el toro bravo?¿Embestiría el cornado más de una vez al picador si sintiera un fuerte dolor al clavársele la pica? ¿O, más bien, deja de embestir cuando empieza a agotarse? Aun así, agotado, han de aparecer los peones para distraerle la atención del caballo del picador y alejarlo hacia otras zonas del ruedo.¿Preferiría un guerrero que lo fusilasen a sangre fría o morir en el fragor del combate para el que se ha ido preparando? ¿No es más digno que el toro de lidia deje su vida embistiendo hasta el último momento a que sea sacrificado fríamente en un matadero? ¿Es digna, por ejemplo, la matanza del cerdo?: y a nadie hemos oído protestar contra ella...


Al toro de lidia se le cría con el objetivo de que algún día llegue al coso y para este menester tiene el premio de gozar de una vida privilegiada, campando libremente por las dehesas. ¿De qué otros animales que se encuentran bajo la égida del hombre se puede decir lo mismo? ¿De las gallinas que son engordadas, a lo largo de toda su infeliz existencia, en la inmovilidad de un cajón en las modernas granjas avícolas?¿De los pavos que son enterrados, de por vida, hasta el cuello para también engordarlos al máximo y obtenerse, así, un voluminoso hígado del que obtener cuantioso foie-gras?Finalizaremos estos párrafos preguntándoles a los que se oponen a las corridas de toros con el argumento de que lo hacen por ser defensores de los animales lo siguiente: ¿pretendéis defender al toro de lidia acabando con él? Pues es obvio de que con el fin de la tauromaquia desaparecería el toro bravo. Ya no serían cruzadas las hembras con los machos más bravos. Sólo interesaría criar astados mansos, encajonados cual gallinas para provocar su antinatural engorde. ¿Se imaginan un país como España en el que su animal emblemático ya no se identificara con la enhiesta y arrogante figura del toro bravo sino con la de lánguidas vacas mansas, cual vacas suizas...?
Eduard Alcántara Septentrionis Lux

Tentadero en Ecuador

Texto: David Izurieta - De toros en libertad
Fotografía: Jorge Gaibor

Somos Ecuador cumplió lo prometido. El pasado sábado 27 se llevó a cabo el tentadero del que se habló durante el herradero de abril. Nos fuimos de tentadero y vivimos una experiencia maravillosa, esta vez el lugar fue la Ganadería de Mirafuente, ubicada en Machachi, a pocos kilómetros del sur de Quito. Los hermanos Pablo y Juan Fernando Salazar abrieron las puertas de su casa para que el aficionado pudiera acercarse más al toro en el campo, particularmente a una faena vital dentro de cualquier ganadería: la tienta de hembras.
La tienta, como ya he dicho, es fundamental para el futuro de una ganadería brava. La plaza de tientas se convierte en un laboratorio donde el ganadero evalúa exhaustivamente el comportamiento de las reses para seleccionar los mejores ejemplares dentro de la vacada, los cuales serán los encargados de ser los padres y madres de los futuros toros de lidia. Pero hay algo más allá de lo puramente "operativo". Hay un significado ritual dentro de esta faena campera: el volver a la esencia misma de la Fiesta. Ahí se descubre todo lo que hace del toro bravo una especie única y maravillosa dentro del reino animal. Todo lo que viene después tiene sentido a partir de este rito campero, reservado casi siempre a la intimidad de la ganadería.

Por esto, la invitación de los hermanos Salazar cobra aún más valor dentro de la incansable labor de Somos Ecuador a favor de aumentar la afición en nuestro país. Eso si, se insistió la necesidad de absoluto silencio durante la tienta, para no interferir con ella. La tienta es rigurosamente dirigida por el ganadero. El matador Carlos Yánez y los novilleros Álvaro Samper, Carlos Lárraga y José Antonio Bustamante intervinieron con acierto en el tentadero. Picó Hernán Tapia, haciendo notar su gran oficio en estas labores. Respecto a las vaquillas, decir que tuvieron un comportamiento variable en su conjunto, bien, en línea general en la suerte de varas y con altibajos en la muleta. Destacó la vaca No. 31, tentada en cuarto lugar, animal con un extraordinario comportamiento, tanto en varas como en la muleta, sacando un formidable fondo de bravura, nobleza, transmisión y acometividad. Un prototipo dentro de su encaste (Domecq, procedencia El Torreón). Tanto gustó que Cristóbal Roldán bajó al ruedo para darle una tanda de auténtico buen gusto por el pitón derecho. Destacar aquí la importante función del ganadero de Santa Coloma dentro de esta jornada campera, puesto que "Botolo" Roldán se encargó de dar oportunas y acertadas explicaciones durante toda esta inolvidable visita al campo, acentuando así el carácter didáctico de esta actividad.


Terminó la jornada y los objetivos se cumplieron. El aficionado disfruta plenamente el contacto directo con el campo. La fuerte inyección anímica que dan estos eventos nos hace renovar esperanzas de cara al futuro de la Fiesta en el Ecuador, ya que demuestran que la afición crece día a día, solidificándose en un mayor conocimiento de los diferentes y apasionantes aspectos de la Tauromaquia.


Quiero finalizar esta entrega destacando la lucha que desde diferentes estamentos se viene librando para revertir la inconstitucional prohibición que pesa sobre las transmisiones taurinas desde mediados de noviembre de 2008. Hoy más que nunca, cuando la defensa de la libertad de expresión está en la primera línea del debate público en Ecuador y América Latina, es el momento de decir un no rotundo a la censura y a la intolerancia de los que quieren ensombrecen el futuro de nuestra Fiesta. Somos Ecuador ha señalado el camino, dando ejemplo de horizontalidad y unión para defender y promover a la mejor de las Fiestas que está por encima de intereses de cualquier tipo, tanto gubernamentales como internos.

Terminó este breve artículo con una noticia realmente buena. Durante el próximo mes de agosto se realizará en la ciudad de Quito la "Primera Semana de la Cultura Taurina", valiosa iniciativa de la Unión de Toreros del Ecuador y Somos Ecuador. Milton Calahorrano, Presidente de la UTE, anunció que "serán 4 días de exposiciones artísticas y de proyección de películas taurinas y que se rematarán con un festejo taurino". Enhorabuena por esto. El conocimiento de la Cultura Taurina debe ser uno de los pilares fundamentales dentro de la defensa y promoción de la Fiesta. Con estas y otras noticias, esperemos todas positivas, volveremos en el futuro para hablar en De Toros en Libertad desde Ecuador.

miércoles 1 de julio de 2009

Tentadero en Mirafuente

Por: Jorge García Opionión y Toros
En el tentadero de la ganadería de Mirafuente, de propiedad de los Hermanos Salazar, se realizó una tienta con asistencia de numeroso público, organizado por el grupo de aficionados, Somos Ecuador, con notable éxito.
Desde las 09h00 (hora de Ecuador), comenzaron a llegar los aficionados, para participar en una actividad que, generalmente, se realiza a puerta cerrada. Pero, en esta ocasión, los ganaderos consintieron para que asistan los aficionados. Importante la presencia de cerca de 120 personas que, estuvieron alrededor del hermoso tentadero, ubicado cerca de la ciudad de Machachi, más conocida en el país, por ser el lugar donde existen fuentes de agua natural, donde se envasan los productos Guitig.
A más del ganadero Don Juan Fernando Salazar, estuvo presente el ganadero de Santa Coloma, Don Cristóbal Roldán, quien a través de un micrófono, describía lo que ocurría en el ruedo, para que muchos aficionados que, por primera ocasión veían una tienta, aprendan pormenores del campo bravo que, casi nunca se lo ve. Se tentaron siete vaquillas de la ganadería de Vista Hermosa, también de propiedad de los Hermanos Salazar.

Para poder cumplir con la tienta, estuvieron presentes: el matador de toros Carlos Yánez, el novillero Álvaro Samper, quien al parecer, tomará la alternativa en la feria de diciembre y, los jóvenes novilleros: Carlos Lárraga y José Antonio Bustamante, al igual, que el picador Hernán Tapia. En medio de un gran silencio, porque así lo había pedido el ganadero Cristóbal Roldán, con la salida de las vaquillas, se cumplieron los pasos previstos para una tienta, tanto con el capote, el momento de ir al caballo y, su forma de embestir con la muleta. En cada caso, se anunciaba lo que iba ocurriendo en el ruedo y, se veía el interés de los aficionados.
Luego de la tienta de la séptima vaquilla, se permitió que los aficionados tomaran parte en la lidia. Se pudo observar a estudiantes de la Escuela Taurina de Quito, quienes no desaprovecharon de esta gran oportunidad, para poner en práctica su afición. Un refrigerio y una fotografía de todos los asistentes, terminó con esta tienta, a las 13h30.
La ganadería de Mirafuente, tiene procedencia de El Torreón y Daniel Ruiz; mientras la ganadería de Vista Hermosa, tiene procedencia de Juan Pedro Domecq – Jandilla, vía Carlos Manuel Cobo.

jueves 18 de junio de 2009

Curso Práctico de la Escuela Taurina


Texto y fotografía: Alberto Suarez
Muévete que nos atrasamos en las afueras de la plaza de Toros Quito exclama Carlos Yánez profesor de la Escuela Taurina a Fabricio Chicaiza (El niño de los chiqueros) alumno de la Escuela, mientras en un bus turbo diesel de la Cooperativa Turismo a bordo de 21 alumnos Daniel Dávila, Daniel Yepez, Jairo Cevallos, Mark Antoni, Lia Navarrete, Pablo Vinuesa, Andrés Villacis, Juan F. Ferri, Martin Tobar, Cristian Tobar, Carolina Chiriboga, Nicole Balseca, Gabriel Cevallos, Oliver Pie, José Antonio Bustamante, Carlos Larraga, Francisco García, Stalin Villacis, Fabricio Chica iza, Israel Tello y Carolina Guarderas, la Empresa Citotusa les da la oportunidad de cumplir con sus sueños, torear en el campo, esto lo realiza como complemento de la preparación que un aspirante a torero tiene que cumplir.
Viajamos hacia el sur de Quito a 50 km sector de Machachi (Guitig bajo) donde queda ubicada la Ganadería de Mirafuente a 1.500 metros de altura.
Llegamos a las 09.45 de la mañana, todos en suspenso en las ventanas del bus hasta que nos dan la orden de bajarnos, donde está la plaza de tientas se preguntan, pero una voz nos interrumpió de momento, era Carlitos Suarez en la que en voz alta dijo bienvenidos acaban de pisar la prestigiosa Ganadería de Mirafuente aquí se cría ganado de lidia de procedencia Jandilla, si observan a su lado derecho está una punta de vacas, solo les pido un poco de silencio para que el ganado no se moleste
Decidimos avanzar a la placita de tientas un sitio con mucha solera a la que fuimos bien recibidos.
Los alumnos prosiguieron a cambiarse de vestimenta por el traje campero, para así dar inicio a su sueño demostrar y valorar el producto de su entrenamiento de salón con el verdadero animal de lidia.
Antes de iniciar la práctica como no podía faltar en los medios de la plaza posaron para la foto de registro, para luego proceder a la entrega de instrumentos nuevos de torear, capotes y muletas al matador de toros Carlos Yánez para las prácticas de sus alumnos, recibiendo la primera ovación de la tarde (aplausos) por sus alumnos.
Se da inicio a la práctica con la venia de la empresa y supervisión de José Patricio Espinoza y el Matadador Carlos Yanes.

Dividiéndose en tres grupos o categorías, se lidiaron seis bravas becerras a la que los muchachos cumplieron sus deseos de demostrar sus avances y siendo un curso práctico muy positivo
Mientras en mi reloj marca las catorce y treinta de la tarde
Fabricio Perugachi (EL niño de los chiqueros) realiza el último lance de muleta a la becerra por derechazos para cerrar la práctica, para luego pasar a servirse un refrigerio, mientras se realiza la entrega de camisetas y carnets a los alumnos.
Quiero hacer llegar mi más sincera felicitación y una enhorabuena a la empresa Citotusa porque el futuro torero necesita este tipo de prácticas para poder perfeccionarse y así llegar a cumplir su sueño en este hermoso y difícil arte del toreo.
Nos vamos agradecidos contentos con las esperanzas de volver lo más pronto.



miércoles 17 de junio de 2009

El Arte de jugarse la vida

Se escucha de vez en cuando a escritores, universitarios y pensadores españoles evocar su infancia vagamente acunada de recuerdos taurinos y expresar su rechazo, a veces violento, de la fiesta de los toros. No comprenden cómo puede hoy (aún y siempre) emocionar, conmover, exaltar las muchedumbres, en las que seguro no ve nada más que una masa de reaccionarios incultos alentada por intelectuales esnobs.
En esta revuelta antitaurina, a veces íntima, a veces sonoramente militante, se encuentran a menudo, en amalgama con la memoria de sus propias historias familiares, algunos tópicos datados en los sesenta (toros = turismo, exotismo de españolada, tremendismo del torero descamisado) o más antiguos aún (toros = España negra, vergonzante cara del pasado). Sí, ya sé: sé que para muchos españoles los toros despiertan espontáneamente ese mismo sentimiento confuso, un poco nostálgico, vagamente vergonzoso, de tener que vérselas con algo que sobrevive de manera inconveniente pero a punto de caducar definitivamente gracias a la ascensión social, la educación del pueblo, la evolución de las costumbres, el sano desarrollo de las sensibilidades, Europa, la democracia, etc. Sí, ya sé: sé que para muchos jóvenes españoles la palabra «tauromaquia» evoca carteles de otra época, un rito anticuado, una especie de juego arcaico o incluso un espectáculo cruel del que deben defenderse cuando, gracias a un programa Erasmus, se dan cuenta que, para el resto del mundo, se mantiene asociado al nombre de España, es decir, a una de las naciones más avanzadas de Europa de la que por lo demás uno puede sentirse orgulloso.

A todos esos españoles, jóvenes o menos jóvenes, les quiero decir lo que sigue: los toros no son ya sólo la Fiesta Nacional de España. Con eso han perdido un poco y ganado mucho. Se han convertido en parte integrante de la cultura de la Europa meridional e incluso del patrimonio mundial.

¿Se imaginan ustedes que hace apenas algunas semana (el 2 de junio exactamente), en un teatro del centro de París atestado, cientos de personas de las que la mayoría no habían puesto nunca sus pies en España, e ignoraban absolutamente todo de la «fama negra» de los toros, habían pagado cara su entrada por el único placer de homenajear la heroica carrera de un torero... colombiano (César Rincón)? Claro que para todos esos turistas que visitan España a toque de pito, entre la torre de Pisa y el Big Ben, y que creen que Francia es Pigalle, los toros son el «exotismo» español barato, y el torero es algo así como «Manolete-ElCordobés-del brazo de su bailaora con castañuelas», o (para los más cultivados ¡ay!) es la imagen odiosa y desgastada del maletilla hambriento que, para salir de su miserable condición, no tiene otro remedio que tentar al diablo y arrojarse entre sus cuernos. Ignoran evidentemente, como quizás muchos españoles, que uno de los más grandes toreros de la historia está vivo y toreando y en modo alguno debe su valor extraordinario a esa deprimente leyenda, o que uno de los mejores toreros de la primera década del siglo XXI es francés, o que fue prácticamente imposible conseguir entradas (siendo tan caras como las de la ópera) para las diez corridas que conformaron la reciente feria de Nîmes (95.980 espectadores).

Un poco de pudor y muchos escrúpulos me impiden evocar mi infancia que está en las antípodas de las de los intelectuales españoles antitaurinos. Bastará decir que esa infancia en el cinturón de París, con mis padres judíos alemanes que escaparon por milagro de los campos de la muerte, en modo alguno me preparaba para recibir el choque que fue el descubrimiento accidental de los toros, a la edad de 18 años, al azar de una escapada estudiantil en la región de Provence.

Para muchos españoles de mi generación, los toros son familiares, formaron parte de la vida cotidiana de su infancia, se los vivía con indiferencia, aceptación o rechazo de una «cultura» vagamente patrimonial que es como una segunda naturaleza de la que hay a veces que desprenderse para poder existir por sí mismo.

Para mí la corrida de toros es una amiga que he elegido tan próxima como la música y sin la cual podría difícilmente vivir. Digo que la he elegido pero tengo más bien la impresión que ella me ha elegido a mí; el encuentro fue fortuito pero, como dice Flaubert de la primera cita amorosa: «Fue como una revelación». No, los toros ya no son sólo la Fiesta Nacional. Han perdido un poco de sus particularidades (algunas fiestas votivas, capeas salvajes, un público cautivo, un pueblo entero movilizado tras un torero muerto), han ganado mucho en universalidad -geográfica y sobre todo cultural-. Ahora, en el presente, los que torean y los que van a los toros lo han elegido, y si no saben del todo, ni unos ni otros, lo que van a buscar «allí» (¿sabemos bien lo que es el amor?), saben que hoy se va a la plaza en lugar de ir al estadio, al concierto o al teatro.

Sin duda, la corrida de toros no es moderna, pero no porque no sea de nuestro tiempo, es -al contrario- porque nuestro tiempo no está ya en la «modernidad». La modernidad en el sentido estricto se acabó hacia el final de los años ochenta del siglo pasado, con el derrumbamiento de las ideologías, el fin del sueño en el progreso y el agotamiento de los discursos dogmáticos de las vanguardias artísticas (formalmente revolucionarias, políticamente redentoras). Lo que algunos han dado en llamar la «posmodernidad» o lo contemporáneo se opone punto por punto a la modernidad. Puede ser que la corrida de toros no sea ni haya sido nunca «moderna», pero es seguro que se acuerda perfectamente a lo «contemporáneo». Lo moderno está ligado al progreso, a la «velocidad», a la industrialización sistemática (comprendida la de la ganadería de carne); lo contemporáneo y la corrida están ligados a la biodiversidad, a la ganadería extensiva de bravo, a los equilibrios de los ecosistemas. La modernidad sólo veía la salvación a través de la comunidad y la sociedad, en el «todo es política», lo contemporáneo y la corrida renuevan con los valores del héroe solitario (pensemos en el culto contemporáneo hacia los éxitos singulares y aventureros de cualquier tipo), con una ética de las virtudes individuales, el valor, la lealtad, el don de sí mismo. La modernidad quería esconder la muerte (simple «no vida» igual que se dice invidencia en vez de ceguera), reducirla al silencio del frío vacío de las salas mortuorias o a la mecánica funcional de los mataderos; lo contemporáneo y la corrida de toros reconocen que la ceremonia de la muerte puede contribuir a dar sentido a la vida mostrándola conquistada a cada instante sobre la posibilidad misma de su negación. Era -se decía- el fin de los ritos en los que lo único que se veía eran prejuicios arbitrarios e irracionales, pero lo contemporáneo y la corrida de toros redescubren las virtudes de los ritos, no necesariamente vinculados a capillas y estampitas.

Lo moderno declaraba el final de la figuración en pintura, del relato en literatura, del drama en el cine; lo contemporáneo inventa una nueva figuración, el cine de Almodóvar, genio de la posmodernidad, reinventa la linealidad del relato y las estructuras complejas del melodrama, como la corrida de toros que mezcla lo festivo y lo trágico, los colores chillones y la emoción más pura. El arte moderno glorificaba la vanguardia social y declaraba el final de la «representación», el posmoderno mezcla lo popular y lo erudito -como la corrida de toros, la más sabia de las artes populares- mezcla la transfiguración de lo real y su presentación en bruto (el happening, el body-art, el ready-made, la instalación, la intervención, el artista mismo) como la corrida de toros, alianza de representación clásica de la belleza y de presentación en bruto del cuerpo, de la herida, de la muerte, como el torero, artista contemporáneo, que hace de su gesto una obra estilizando su existencia.

La posmodernidad, lejos de oponer el hombre al animal como en los tiempos modernos, presiente que no hay humanidad sin una parte de animalidad, sin un otro al que -a quien- medirse, como si el hombre -hoy más aún que ayer- sólo pudiera probar su humanidad a condición de saber vencer, en él y fuera de él, la animalidad en su forma más alta, más bella, más poderosa, por ejemplo la del toro salvaje: vencerla, es decir, repelerla o domarla, pero sobre todo oponer la fuerza de la astucia, la gratuidad del juego, la ligereza de la diversión, la gravedad de la entrega de sí mismo, la fuerza de la voluntad, el poder del arte, la conciencia de la muerte -en definitiva todo lo que hace la humanidad del hombre-.

Quizá se podrá afirmar: ¿pero el espectáculo del sufrimiento animal, dada la evolución de las costumbres, no es ya tolerable, hoy menos que ayer? A esto hay que responder que no es una cuestión de historia (moderna o no) ni de geografía (España negra o no). Yo no he sufrido nunca, personalmente, con el espectáculo del pez atrapado en el anzuelo del inocente pescador de río -es una cuestión de sensibilidad-. Ésta permite a algunos ver al toro como víctima, la mía sólo ve en él un animal combatiente. Autoriza a algunos a pensar que el torero martiriza una bestia, yo veo en él un héroe contemporáneo que tiene la audacia de desafiar y enfrentarse a una fiera jugándose la vida -sin más, por la belleza del gesto, por pura libertad, para afirmar su propio desapego en relación con las vicisitudes de la existencia y su victoria sobre lo imprevisible-. ¡Es cierto que el toro no quiere combatir, pero no por porque sea contrario a su naturaleza el combatir sino porque es contrario a su naturaleza el querer!

Esto es al menos lo que mi sensibilidad me dicta, comparable en eso a la de cientos de miles de otros hombres en todo el mundo, y no la creo menos movilizada ni sublevada que ninguna otra ante el sufrimiento de los hombres -o incluso de los animales- ni menos consciente de lo que hace falta de poder creador para volver a dar hoy un sentido, en arte, a esa palabra mancillada que es la belleza.

FRANCIS WOLFF
Catedrático de Filosofía de la Universidad de París

lunes 15 de junio de 2009

Entrevista a Juan Carlos Illeras "El toro disminuye la percepción de dolor "

Juan Carlos Illera y su equipo han demostrado que el toro siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído, y eso gracias a un mecanismo especial --a una respuesta hormonal distinta a la de cualquier animal-- que los contrarresta. Illera, que ha recibido críticas, incluso amenazas, de sectores antitaurinos, adelanta en esta entrevista algunas de las claves de su estudio del que hablará mañana en Córdoba, dentro de las jornadas organizadas por la Federación Provincial Taurina.

¿Cuál ha sido el objeto de su trabajo?
Nuestro trabajo comenzó hace cinco años y lo que queríamos ver han analizado 300 reses en la plaza de Madrid es la capacidad de respuesta del toro de lidia frente al estrés. El trabajo se basa en el estudio endocrino del animal frente al estrés. Es decir, qué hormonas y en qué cantidad se liberan durante una fase de estrés como puede ser la corrida. Entonces, como parte de las hormonas implicadas en el estrés también lo están en el dolor, en intentar paliarlo,
abordamos los dos estudios.

¿Y qué descubrieron?
En cuanto al estrés, lo que hemos visto es que el toro de lidia presenta una glándula adrenal, un sistema endocrino, podríamos decir, diferente a otras especies animales, y que, por tanto, su respuesta es diferente a la de otras especies de ganado vacuno. Un animal frente al estrés libera una cantidad muy grande de hormonas, como puede ser cortisol, para combatirlo. Sin embargo, en el toro de lidia, durante la corrida, por un mecanismo especial que seguimos estudiando, libera hormonas pero no en cantidades como para decir que es una acción antiestrés. Libera menos hormonas durante la lidia que durante el transporte, con lo cual podemos decir que el animal presenta un mecanismo especial de respuesta frente a otras especies, y que el estrés lo sufre más en el traslado en el camión que en el ruedo. Y además, lo que hemos visto también es que se produce una liberación muy grande de betaendorfinas, cuya función es paliar el dolor. Cuantas más endorfinas haya, aumentamos o disminuimos el umbral de dolor. No quiere decir que el
animal no tenga dolor, pero sí que así disminuye notablemente la percepción de dolor.

Por tanto, decir que el toro no sufre dolor en una corrida, es mucho decir,
¿no?

Desde luego yo no puedo asegurar que el toro no sufra, y por una razón: como fisiólogo sí que tengo mecanismos para poder medir el estrés y el dolor, pero para el sufrimiento no tengo ningún mecanismo.
Lo que sí es cierto es que frente a la idea generalizada, el toro no sufre
tanto...
Sí, podríamos decir que no sufre tanto, pero nunca aseverar que no sufre, porque, por supuesto, estoy seguro de que el animal sufre. Lo que tiene este animal es que posee un mecanismo diferente a los demás, que responde rápidamente a ese dolor combatiéndolo, con lo cual el umbral o la sensación de dolor puede ser en un momento, pero posteriormente disminuye
notablemente.
Pues le desmonta usted los argumentos a los antitaurinos...
Eso ya no lo sé. Ahí no me meto (dice sonriendo). Digo eso y mañana estoy recibiendo otra vez correos electrónicos, que algunos hasta amenazaban de muerte. Nosotros no queremos ponernos a favor de unos ni de otros. Yo estoy a favor de la Fiesta, pero no quiere decir que mis estudios vayanencaminados a eso. Nosotros estudiamos el toro por su especialidad, por esa característica especial que tiene de cómo combate el estrés y cómo combate el dolor. Y además estos son estudios preliminares, porque donde se centra la regulación del dolor y el estrés es a nivel cerebral, que es lo que queríamos investigar, pero con las vacas locas , al ser el cerebro un producto MER, no podemos recoger ninguno. Posiblemente, cuando se acabe esta ley empecemos a estudiarlo y veremos qué resultados obtenemos, porque a lo mejor son contrarios. No creo, porque está relacionado con su liberación hormonal. Entonces sí que podríamos asegurar algo más, como que tiene un mecanismo especial a nivel cerebral para regular su propio estrés y su propio dolor, cosa que otros animales no lo tienen.

Siempre se ha considerado al toro como un animal único, y a partir de este
estudio aún más. ¿Cree que su protección solo es posible con la existencia
de la Fiesta?

Creo que sí. Si desaparece la Fiesta, esta raza se perdería. Podría existir en algún zoo o en alguna dehesa en la que alguien, por capricho, quisiera tenerlo. Pero vamos, toda la genética y todos los estudios que se están realizando de mejora de este animal..., desaparecería, porque económicamente no tendría ningún sentido. Y a parte de perder el toro perderíamos un montón de otras especies de nuestro hábitat en España, porque gracias al toro de lidia se mantienen cantidad de dehesas donde se conservan muchas especies autóctonas españolas.

¿Ahora va a estudiar si los toreros también tienen un mecanismo especial
para luchar contra el dolor?

Estamos en ello, a ver si los toreros nos dejan poder estudiarles. Más que el dolor, el cómo combaten ellos la situación de estrés de una corrida. Sería analizar la saliva para medir sus niveles hormonales. Parece ser que sí, que ya tenemos algunos toreros dispuestos y posiblemente para finales de año tengamos algún resultado.

¿Esperaba usted que tuviera tanta repercusión su estudio?
Nunca, estamos asustaditos (dice sonriendo). La verdad es que estamos asustados, aunque ahora ya gracias a Dios no recibimos ningún correo. Cuando salió por primera vez recibí 200 o 300 correos insultando, amenazando, unas cosas que un científico nunca espera leer en esta vida,
porque lo que nosotros realmente decimos es que del animal esto es lo que hay. Sirva para una cosa o para otra, eso ya no lo sabemos. Lo que sí podemos decir es que nuestros datos son verdaderos. Yo puedo medio aseverar que el animal tiene un mecanismo especial frente al estrés y el dolor, pero no más. Que haya gente que se lo tome de otra manera para insultarnos, pues tampoco entra dentro de una cabeza razonable.
Por: Rafael de la Haba

lunes 8 de junio de 2009

Aficionados Prácticos en la Fiesta Taurina

La fiesta brava no es un deporte o un pasa tiempo ideado por el hombre, es un arte, una expresión, una manifestación del espritu del hombre de occidente, de la cultura mediterránea, es como dira don Miguel de Unamuno: una vieja y milenaria amistad entre el hombre y el toro..
El toreo naci, primero entre los señores "de a caballo" y después con los mozos "de a pi", como bien lo apunta el maestro Pepe Alameda en su amenaobra "La pantorrilla de Florinda o el Orgen Blico del Toreo" y tiene lugar por la larga invasión mora (ocho cientos años) a la península española, cuando la defensa más importante en esa lucha era la caballera, quien en sus largos trances de inactividad en el frente, se ejercitaban cazando y lanceando toros bravos, (sólo en la penísula ibrica se conservaron los toros bravos, porque en el resto de Europa se extinguieron), ejercicios que después sirvieron como entretenimiento y lucimiento de los caballeros en las fiestas patronales o reales, participando a caballo principes y señores de la realeza y a pi con sus capas sus mozos de estribo y posteriormente los aficionados del pueblo.
Como se advierte, la fiesta taurina nace y se refugia en los aficionados que practican el toreo por pasión, sin interés económico alguno, arrojando su integridad física y en ocasiones hasta la muerte, por el solo placer de hacer arte y vibrar por la emoción de sentir y vivir muy de cerca la muerte, en un ritual nico, luminoso y fascinante.
El espectáculo taurino, en las postrimeras del XVI adquiere su faceta profesional con toreros que son requeridos por los empresarios para lidiar en forma toros bravos en las plazas de la península y posteriormente enforma ordenada y reglamentada a partir de Francisco Arjona alias "Cuchares" en el siglo XVIII, generando con ello riqueza para muchos sectores de las comunidades, como los propios toreros, los empresarios, ganaderos, publicistas, etctera.
Gracias a la fiesta brava profesional, hizo posible la preservación del toro de lidia hasta el da de hoy, pues en el resto de Europa, Asia y Africa, donde no existió ni existe el toreo, se extinguió por la domesticación y el mestizaje con otras razas de bovinos.
Sin embargo, la fiesta taurina, en pocas de crisis, como la que hoy se vive en nuestro país, y de la que no se ve salida en el mediano y largo plazo, toda proporción guardada con el espectáculo profesional, con los aficionados prácticos contina viviendo y refugindose en los cortijos y en los tentaderos en festivales benéficos o de asistencia social.
Por ello, se explica el porqué y para qué, siguen en todas las latitudes del mundo de los toros, los aficionados prácticos como guardianes ocustodios de las más bellas tradiciones del arte del toreo.

Monterrey, N. L.Junio de 2008
HECTOR FRANCISCO NAVARRO GONZALEZ