miércoles, 18 de marzo de 2009

Bitácora de América: Defensa y promoción de la fiesta: los casos de Venezuela, Ecuador y Perú


Por: Pedro Abad-Schuster (detorosenlibertad.com)
El objetivo común es orientar a la opinión publica en la defensa y promoción a ultranza del espectáculo taurino, a la luz del diagnostico de la realidad taurina (preocupaciones y frustraciones) de nuestros países. El “como hacerlo”, es a base de reunirse, sentarse a debatir y coordinar el desarrollo de actividades - conferencias, simposios, premiaciones - además de asistir y/o ver y estudiar corridas de toros.

En Venezuela y Ecuador se dan embates abiertos o solapados, de los gobiernos de turno, decididamente contrarios a la fiesta; por ello reaccionan auténticos taurinos, como el caso de los ecuatorianos y forman http://somosecuador.blogspot.com/ , presidida por Catalina Chiriboga, un ejemplo a seguir; son mil seiscientos adherentes voluntarios en una organización perfectamente blindada y organizada.
En Perú, luego de asistir al Foro Mundial de Cultura Taurina en Azores, el prestigioso taurino Raúl Aramburu Tizón plantea algo verdaderamente extraordinario, “ante una cada vez mas desfavorable confrontación que sin exagerar puede perfectamente herir de muerte al espectáculo taurino en nuestros países”. Y continúa el comunicador de televisión y critico taurino de los lunes en http://www.expreso.com.pe/:

“Esto requiere de renuncias (y de tragar sapos, por desagradable que sea) por lo que propongo que nosotros los periodistas Bartolomé Puiggros, Baldomero Cáceres, Magaly Zapata, Manuel González, Pablo Gómez de Barbieri, Raúl Aramburu Tizón - y cualquier otro cronista que quiera sumarse - dejemos de lado nuestras diferencias y nos sentemos a debatir sobre como defender y promover la fiesta. Es absolutamente necesario, se lo aseguro a la luz de lo que he podido ver en otros lados. Por ultimo, no es tanto drama, se pueden cambiar ideas civilizadamente si tenemos un objetivo común. Yo me encargo de organizarnos”.

La respuesta, luego de algunas semanas, ha motivado la Carta abierta de Raúl Aramburu a Bartolomé Puiggros, algo que podría ser un seguimiento de la anterior columna Bitácora de America: “La guerra de los lunes en la prensa taurina peruana”, y que necesariamente debe llevar a buen puerto, porque el interés personal de personas decentes y honorables es menor al interés por la defensa y promoción de la fiesta en el país.

“Carta abierta al cronista taurino de El Comercio señor Bartolomé Puiggros. Bartolomé, En la crónica que publicaste el lunes pasado 16 de marzo del 2009, haces mención a una convocatoria personal – y pública también, te recuerdo, en la edición de Expreso del pasado 2 de marzo – que he llevado a cabo mediante comunicaciones electrónicas a cada uno de los periodistas taurinos preocupado como estoy, y tú bien señalas, por la situación actual de la fiesta en nuestro país. Es cierto, estoy empeñado, por un simplísimo análisis de prioridades, en la necesidad urgente de reunir a los líderes de opinión de los diferentes medios para trazar objetivos comunes en vista de los riesgos a que está injustamente sometida la fiesta taurina en todo el orbe. Ello, acorde con lo que he podido observar en el exterior y por lo que a diario traen las noticias al respecto (y que todos conocemos pero percibimos lejanas aún del Perú)”.

“Te preguntas ¿Qué hay detrás de esto? Te lo diré claramente: mi sincero convencimiento que necesitamos unir esfuerzos contra el riesgo común, el de fuera, porque creo firmemente – con mea culpa incluído – que hemos perdido mucho tiempo en diferencias personales y desunión que no benefician a nadie, y por ello nos hemos despreocupado del que debería ser el objetivo de todos: defender la fiesta, nuestra fiesta. Eso, Bartolomé, es lo que hay detrás. Y nada ni nadie más. La vida me ha enseñado que nunca es tarde para corregir y que hay circunstancias que obligan, como las renuncias que exige el crear un bloque unido de quienes tenemos el deber de orientar a la opinión pública contra los gratuitos enemigos de la fiesta que sí están organizados (en todas partes), a dejar de lado los intereses propios en los que hemos estado imbuidos demasiado tiempo y buscar un interés común”.


“Es el caso de La Plataforma Taurina de Defensa de la Fiesta, que hace una gran labor. Es loable. Pero no creo que apoyarla o formar parte de ella nos inhiba, a los comunicadores, de nuestra parte de responsabilidad. En todo caso, debemos comprometernos en el firme objetivo de, por ejemplo, empujarla. O difundirla. O Integrarla. Por otro lado desde esta página he discrepado abiertamente – y probablemente, y felizmente añadiría, seguiremos discrepando – con tu forma de hacer periodismo taurino y de tu forma de ayuda a la fiesta en el Perú. Y si esa apasionada discrepancia alguna vez se excedió en sus juicios a tu labor periodística e invadió tu ámbito personal con una ofensa te pido, en este momento, públicas disculpas, las mismas que hago extensivas a todo aquel que se haya sentido ofendido por mis comentarios”.

“Creo e insisto en que el objetivo y el riesgo lo ameritan sobradamente, ya que parto de la premisa de establecer un nuevo ámbito de acción y una nueva etapa, donde los responsables –pasando por el debido respeto mutuo, mancillado últimamente sin necesidad (incluyo nuevamente el mea culpa) y la consideración debida por la opinión ajena – formemos un frente sólido en busca de horizontes que sobrepasen los intereses de cada uno. Y, repito, para ello la presencia de El Comercio es importante. Esa es, Bartolomé, y ninguna otra, la razón de la convocatoria. Espero que accedas, y contribuyas así a crear una nueva y monolítica etapa”.


miércoles, 28 de enero de 2009

Somos Ecuador. En defensa de la fiesta en año electoral


Por: David Izurieta (detorosenlibertad.com)

Pedro Abad-Schuster en su último artículo para este portal dio un panorama claro del contexto que vive la Fiesta Brava en Ecuador y Perú. La motivación para escribir, más cercanamente, acerca de la Fiesta en Ecuador viene dada por ser este 2009 un año particularmente delicado para el país, puesto que en abril se darán elecciones generales.

Bajo la coyuntura electorera la Fiesta todavía no ha sido tocada de forma directa por la mano de los políticos. Seguramente los candidatos a las distintas dignidades se dan cuenta de la fuerza popular que las corridas de toros tienen, no solo en Quito con su feria de diciembre, sino a lo largo y ancho del territorio ecuatoriano.

Dos ejemplos muy claros. El primero referente a Mocha, localidad de la serranía central que celebra una mini-feria de dos o tres festejos al año. Ahí no hay ganaderías de mayor renombre ni toreros extranjeros de primera línea. Lo que si hay es un público superior a las 20,000 personas, cantidad muy superior a la capacidad del estadio donde se arma la plaza portátil, teniendo los asistentes que presenciar las corridas y novilladas desde cerros cercanos a la misma. A Mocha “peregrinan” aficionados de todo el centro del país, convirtiendo a esta mini-feria en todo un acontecimiento de autentico sentir popular. El segundo, también referente al campo estadístico, tiene que ver con la asistencia que registra la Feria de Quito “Jesús del Gran Poder”. La denominada “Mejor Feria de América” registra nueve días de lleno en los tendidos. Esto significa una asistencia acumulada de aproximadamente 140,000 personas, cifra que relacionándola con “el deporte rey”, el fútbol, solo es patrimonio de la selección nacional y de un par de equipos de primera división. Este importante movimiento de gente, además de generar un sinnúmero de actividades comerciales y de contribuir fuertemente en el tema impuestos, debe ser visto -especialmente por los políticos- como una fuerza de cierto poder en las urnas.

Desde hace algún tiempo la Fiesta viene siendo atacada, concretamente desde sectores “ecologistas” y anti-españoles. Este ataque sordo, ciego y violento se da, curiosamente, únicamente en Quito y Guayaquil, descubriendo así su claro carácter publicitario y su falta de argumentos reales, pues los festejos taurinos se dan durante todo el año en Costa, Sierra y Amazonía del Ecuador. La pasada Feria de Quito se vio amenazada por dos prohibiciones gubernamentales, respecto a la entrada de menores de edad a los festejos taurinos y a la censura que cayó sobre las transmisiones de radio y televisión. La primera amenaza fue “lidiada y despachada” con éxito, mientras que todavía seguimos lidiando con la “mansa y descastada” censura mediática. Seguramente quienes promueven estas inconstitucionales e hipócritas acciones consideran erróneamente que los festejos taurinos son un espectáculo de minoría. Alguien me mostró alguna vez una foto donde media docena de personas protestaban airadamente contra las corridas en los exteriores de la plaza de Iñaquito, justo en el momento en que miles de personas salían de la plaza después de presenciar una corrida de feria. La imagen impacta por lo rotundo de la diferencia visual y además por la evidente contraposición de sentidos. En diciembre las Fiestas capitalinas giran alrededor de la Feria de Quito, desde que el visitante “se baja del avión”. Pero como esto no alcanza por si solo, los aficionados ecuatorianos ya hemos puesto manos a la obra.

Pedro se refirió a Somos Ecuador, un colectivo que ha logrado agrupar a todos los estamentos de la Fiesta ecuatoriana desde hace un par de años y que ha venido realizando una importante labor en defensa de la Fiesta. Desde artículos referentes a cultura taurina, pasando por la defensa de la Fiesta en la Asamblea Constituyente, hasta tertulias y conversatorios de análisis respecto a diversos temas de interés para la Fiesta. Según sus mentalizadores, Somos Ecuador es una organización horizontal, es decir que no tiene una jerarquización clásica. En ella confluyen empresarios, ganaderos, aficionados, periodistas, toreros, peñistas y demás personas relacionadas con el mundo taurino y lo hacen sin jerarquías pre-establecidas, sin cabezas figurativas, sin invitaciones personales ni formales. Este quizá sea el mayor merito de Somos Ecuador y la principal razón de su éxito: el abrir el espectro del mundo taurino más allá del hermetismo de las peñas y de las distintas agremiaciones “clásicas” del Mundo de los Toros, para acercarla al aficionado común. Por ejemplo, este 4 de abril nos iremos “de herradero” a la ganadería de Santa Coloma, en un acercamiento sin precedentes a una de las faenas camperas más importantes dentro de la crianza del toro bravo.

Quedan muchos temas dentro del contexto de la Fiesta Brava ecuatoriana. Los festejos, las ganaderías y los toreros. A manera de avance valga comunicar que Quito también tendrá su corrida del Domingo de Resurrección. Será un mano a mano, goyesco, entre Juan Francisco Hinojosa y Martín Campuzano, dos de los matadores más jóvenes y prometedores del Ecuador, quienes lidiarán toros de Triana y del Pilar en la Plaza Belmonte de la capital ecuatoriana. Sobre este y otros temas de interés esperamos seguir comentando en el futuro.

* foto (flickr.com/Manon)

domingo, 18 de enero de 2009

MI CUARTO A ESPADAS/ Agustín de Foxá


POR AGUSTíN DE FoxÁ

ABC, Madrid, 21 de Abril 1957

Los toros, como son un espectáculo tan imprevisto, tan maravillosamente absurdo, en un mundo racionalista de mataderos y frigoríficos, suscitan los más extraños comentarios de los niños y de los extranjeros, que son un poco niños por su ingenuidad y su asombro ante otras costumbres; como también los niños son un poco extranjeros, algo recién llegados, aun a su propia tierra.

Me contaron que una niña francesa, en las arenas de Nimes -buen enlace con el circo romano-, feminizando al toro y al torero y con una visión modisteril del traje oro y seda, del vuelo de la capa, y no comprendiendo la embestida, le dijo a su madre:

- La vaca quiere comerse la falda de la señora.

En Méjico, donde venden a la entrada de la plaza banderillas, estoques y pequeños trajes de torero, vi a los turistas americanos contemplando al ruedo a través de su "cine" de aficionados y leyendo un pequeño libro titulado Toros sin lágrimas, con el cual calmaban sus escrúpulos de miembros de la Sociedad Protectora de Animales.

Una señora alemana, racionalista, kantiana, le explicaba a otra compatriota que le preguntaba qué eran las picas. (Y no sabía la verdad de la definición).

-La pica -dijo- es una lanza con la que se mata al toro.

Me hablaron de un moro, que hace años asistía a una corrida en la plaza de Melilla, cómo le explicaba a un compañero, neófito, el cambio de los picadores por los peones de brega:

-Ahora -comentaba- se va la caballería y viene la infantería; luego saldrá uno con una bandera (la muleta).

Era la concepción de los toros de un sargento de Regulares.

Un inglés, en Algeciras, con un sentido deportivo y circense, al presenciar la estocada mortal tras una florida faena de muleta, reflexionó en voz alta: .

¡Qué lástima!; lo mata ahora cuando lo había domesticado.

Rimaba su visión con aquel grabado inglés en el cual un toro al galope embestía, sobre un césped de hipódromo, a un torero que llevaba un látigo en la mano.

Y cuando a Fleming le hablaron de los toreros a los cuales había salvado su penicilina, preguntó, con resabio darwinista y de evolución de las especies:

-¿Y a cuántos toros?

En la temporada pasada escuché a una niña española, que ante la monotonía de pelo y trapío de los toros que se sucedían, preguntó a su madre:

-¿Es otro toro, o el mismo que ha resucitado?

Únicamente una niña española, metafísica, es capaz de esta duda, acostumbrada por su sangre a pasearse tranquilamente entre el más acá y el más allá con la más completa naturalidad. La esencia del toreo, su mecanismo -con permiso de mi admirado amigo José María de Cossío-, creo que la descubrió Don Tancredo vestido la estatua del comendador. Porque el toro prefiere la tela muerta, pero que se mueve, al cuerpo vivo, si está quieto. Como herbívoro que es, no tiene y olfato para la carne.

La emoción de los toros la formuló don Luis Mazzantini cuando increpó a un célebre actor, especializando en agonías en el tercer acto, y que le da acuciaba con gritos para que se "arrimase" más.

- Baje usted, Don Emilio que aquí se muere de veras.

La crueldad de los toros se salva por el sol; un puyazo en una tarde de tormenta o una estocada en corrida nocturna bajo la luz de la luna son un crimen. También lo es el toreo cómico. Porque la Muerte es tan seria, aún tratándose de un animal, que no se puede abrir un paraguas o jugar a la baraja ante la agonía de un becerro.

Los toros son tan importantes rozan tanto a la Muerte y al Misterio, que un Papa los excomulgó, interviniendo un Rey; y otro Papa levantó el entredicho.

Como todo arte los toros son desinteresados; no hay apuestas ni quinielas. Todavía un ser -aunque sea una pobre bestia-, con corazón, con sangre, con fatigas, es más importante que un poco de cuero esférico inflado por el aire.

En Norteamérica, se alza un monumento a una vaca que dio, en tres ordeños, una fabulosa cantidad de litros de leche. El valenciano Mariano Benlliure se hubiera asombrado de esto; él, que modeló en bronce a un toro, titulando a su escultura "La estocada de la tarde”. Y en todas las tabernas y colmados hay una cabeza disecada con el sol y el bullicio de un lejano domingo. La primera postura es científica, útil y puericultora; la segunda, inútil pero estética. Pero también el hombre posee una extraña sed que hay que calmar con emoción y con belleza.

Quienes acuden por las mañanas a los sorteos de los toros visitan el patio de caballos, el Museo Taurino y la enfermería con su olor a éter que es el perfume que se echa la Muerte en su pañuelo- y después de la corrida van a ver a los toros con los cuernos cortados a hachazos, desollados, colgados de poleas con olor morado de jamón, convertidos en piezas de matadero, imitan a los espectadores de teatro que visitan a los actores después de la muerte en el tercer acto o contemplan la comedia entre bastidores. Destruyen la gran magia prehistórica del toreo; van a la mansa sangre bajo los zuecos de los carniceros cuando se ha evaporado ya la carísima y misteriosa marea de la bravura.

No hay proyección cinematográfica más dramática que esa sombra almenada de afilados cuernos del toro, sobre el rojo con sol, de una muleta. Y un gran film sería colocar la cámara en los ojos del toro -que no sabe que hay un toro en la plaza- y contemplar su asombro al ver el abanico de huidas, los quiebros, los engaños, el salto a la barrera, las actitudes disparatadas. Sería como si se filmara al Miedo, químicamente puro.

Si se suprimieran los toros, el flamenco se vería seriamente afectado.
Porque en el tablao se baila y se quiebra -el toreo es brazos y cintura- ante un toro que no existe; y el bailarín levanta los brazos armados de invisibles banderillas.

El toreo no es un matadero ni un circo de animales amaestrados. No es teatro, puesto que se muere de veras. Ni deporte, ya que se puede ser raquítico y torpe -Belmonte no tenía piernas- y torear maravillosamente. El único músculo importante en el toreo es el corazón.

El toreo no es combate como dicen los franceses del Norte, y los anglosajones con su célebre "bull-fighting" (lucha con toros) puesto que se oponen a la fiereza bruta, gracia, viento, engaño, percal, quiebros y leves armaduras de seda y lentejuelas.

El toreo es danza. Un “Baller” con la oscura música de fondo de la Muerte.


domingo, 11 de enero de 2009


"Una corrida de toros va más allá del espectáculo emocionante o la mera diversión, porque en ella sea únan la bravura, el poder y la casta de uno de los ejemplares más nobles y bellos de la Creación, como es el toro; y el talento, la destreza y la valentía de unos hombres (también de algunas mujeres), gente corriente pero distinta, que arriesga su vida con ilusión, covación y entrega para conquistar la fama y el prestigio y triunfar en una de las actividades humanas más difíciles y duras que existen. El mundo del toro es un arcano, con su miestrio efímero y permanente a la vez de tragedia y gloria."


María Mérida, La torería

jueves, 8 de enero de 2009

"...quien no quiere ir, que no vaya. Y punto."


"Crecí frente a la Monumental de Barcelona. Mis padres me llevaban a ver los toros. Cuando fui adolecscente, cambié los toros por las chicas (lógico, ¿no?) y dejé de ir. El año pasado, mi buen amigo Óscar Manresa me invitó a ver a José Tomás. Impresionante. No se puede decir nada. La Fiesta representa el sentir de una tradición que forma parte del imaginario popular. Si no te gusta, no vayas. Si tuviéramos que plantearnos la prohibición de la matanza del cerdo, que es lo más bestia que he visto en vida, o el volvernos todos vegetarianos, no pararíamos de echarnos la mierda a la cara. Así que quién no quiera ir, que no vaya. Y punto"


Loquillo, músico (Encuentro digital con usuarios de elmundo.es)

martes, 23 de diciembre de 2008

Lo que sé sobre toros y toreros/ Perez Reverte


Por Arturo Pérez Reverte

Domingo, 21 Diciembre, 2008/ milenio.com

Hace cosa de un mes, por una de esas emboscadas que a veces te montan los amigos, anduve metido en pregones y otros fastos taurinos sevillanos. Fue agradable, como lo es todo en esa ciudad extraordinaria; y quedé agradecido a la gente de la Maestranza, amable y acogedora. Pero todo tiene sus daños colaterales. Ayer recibí una carta desde una ciudad donde cada año, en fiestas, matan a un toro a cuchilladas por las calles, preguntándome con mucha retranca cómo alguien que se manifiesta contrario a la muerte de los animales en general, y a la de los toros en particular, habla a favor del asunto. También me preguntan, de paso, cuánto trinqué por envainármela. Y como resulta que hoy no tengo nada mejor que contarles, voy a explicárselo al remitente. Con su permiso.

En primer lugar, yo nunca cobro por conferencias ni cosas así; considérenlo una chulería como otra cualquiera. Las pocas veces que largo en público suelo hacerlo gratis, por la cara. Y lo de Sevilla no fue una excepción. En cuanto a lo de los toros, diré aquí lo que dije allí: de la materia sé muy poco, o lo justo. En España, afirmar que uno sabe de toros es fácil. Basta la barra de un bar y un par de cañas. Sostenerlo resulta más complejo. Sostenerlo ante la gente de la Maestranza habría sido una arrogancia idiota. Yo de lo único que sé es de lo que sabe cualquiera que se fije: animales bravos y hombres valientes. El arte se lo dejo a los expertos. De las palabras bravura y valor, sin embargo, puede hablar todo el mundo, o casi. De eso fue de lo que hablé en Sevilla. Sobre todo, del niño que iba a los toros de la mano de su abuelo, en un tiempo en que los psicoterapeutas, psicopedagogos y psicodemagogos todavía no se habían hecho amos en España de la educación infantil. Cuando los Reyes Magos, que entonces eran reyes sin complejos, aún no se la cogían con papel de fumar y dejaban pistolas de vaquero, soldaditos de plástico, caballos de cartón y espadas. Hasta trajes de torero, ponían a veces.

Aquel niño, como digo y dije en Sevilla, se llenó los ojos y la memoria con el espectáculo del albero, ampliando el territorio de los libros que por aquel tiempo devoraba con pasión desaforada: la soledad del héroe, el torero y su enemigo en el centro del ruedo. De la mano del abuelo, el niño aprendió allí algunas cosas útiles sobre el coraje y la cobardía, sobre la dignidad del hombre que se atreve y la del animal que lucha hasta el fin. Toreros impasibles con la muerte a tres centímetros de la femoral. Toreros descompuestos que se libraban con infames bajonazos. Hombres heridos o maltrechos que se ajustaban el corbatín mirando hacia la nada antes de entrar a matar, o a morir, con la naturalidad de quien entra en un bar y pide un vaso de vino. Toros indultados por su bravura, aún con la cabeza erguida, firmes sobre sus patas, como gladiadores preguntándose si aún tenían que seguir luchando.

Así, el niño aprendió a mirar. A ver cosas que de otro modo no habría visto. A valorar pronto ciertas palabras —valor, maneras, temple, dignidad, vergüenza torera, vida y muerte— como algo natural, consustancial a la existencia de hombres y animales. Hombres enfrentados al miedo, animales peligrosos que traían cortijos en los lomos o mutilación, fracaso, miseria y olvido en los pitones. El ser humano peleando, como desde hace siglos lo hace, por afán de gloria, por hambre, por dinero, por vergüenza. Por reputación.

Pero ojo. No todo fue admirable. También recuerdo las charlotadas, por ejemplo. Ignoro si en México se celebran esos ruines espectáculos: payasos en el ruedo, enanos con traje de luces, torillos atormentados entre carcajadas infames de un público estúpido, irrespetuoso y cobarde. Nada recuerdo allí de mágico ni de educativo. Quizá por eso, igual que hoy aprecio y respeto las corridas de toros, detesto con toda mi alma las sueltas de vaquillas, los toros embolados, de fuego, de la Vega o de donde sean, las fiestas populares donde un animal indefenso es torturado por la chusma que se ceba en él. Los toros no nacen para morir así. Nacen para morir matando, si pueden; no para verse atormentados, acuchillados por una turba de borrachos impunes. Un toro nace para pelear con la fuerza de su casta y su bravura, dando a todos, incluso a quien lo mata, una lección de vida y de coraje. Por eso es necesario que mueran toreros, de vez en cuando. Es la prueba, el contraste de ley. Si la muerte no jugase la partida de modo equitativo, el espectáculo taurino sería sólo un espectáculo; no el rito trágico y fascinante que permite al observador atento asomarse a los misterios extremos de la vida. Sólo eso justifica la muerte de un animal tan noble y hermoso. Ahí está, a mi juicio, la diferencia. Lo demás es folclore bestial, y es carnicería

viernes, 12 de diciembre de 2008

Los toros: una fiesta popular/ Aguilar


Por Santiago Aguilar

Publicado en el Diario Hoy

Estamos a siete días del inicio de la Feria Jesús del Gran Poder, en tiempos en que esta manifestación cultural es injustamente cuestionada, vale la pena reflexionar sobre la identidad popular del espectáculo taurino.

El origen de la fiesta de los toros en el Ecuador se remite a épocas coloniales, tiempos en que los conquistadores españoles trasladaron al nuevo mundo los juegos de toros y con ellos marcaron el futuro taurino de varios países iberoamericanos. La Conquista determinó una maravillosa fusión encarnada en el mestizaje y presente en la adopción de una nueva fe y nuevas costumbres que con el paso del tiempo se convirtieron en elementos muy propios del continente americano.

La nueva realidad étnico-cultural, resultado del encuentro de dos civilizaciones, estuvo marcada por las circunstancias dolorosas de la guerra de Conquista y el establecimiento de un importante avance en materia cultural, social y tecnológica. La fiesta de los toros no se mantuvo al margen de la asombrosa simbiosis.

El sincretismo que se produjo entre las fiestas religiosas católicas contenidas en el calendario español y las ancestrales celebraciones indígenas nacidas de la cosmovisión propia de los aborígenes, facilitó que pronto se asumiera a los toros y sus juegos como elementos consustanciales de la cultura popular, adornados por los extraordinarios matices otorgados por la sierra andina y el mestizaje plasmados de manera multicolor por elementos de origen claramente hispánico y otros de raíz indígena y precolombina.

Así las cosas, podemos concluir que la fiesta de los toros ha formado parte de la vasta riqueza cultural de la ciudad durante más de cuatro siglos.

Riqueza inmaterial

En el libro “La Fiesta Popular en el Ecuador” de Oswaldo Encalada Vásquez son permanentes las referencias al toro bravo como el eje de los espectáculos populares que se celebran en prácticamente todas las parroquias y cantones de las provincias de la Sierra ecuatoriana. El autor en la introducción de la obra conviene en la validez del sincretismo social, étnico y cultural, apuntando que “Uno de los primeros componentes más importantes de la cultura no material de los pueblos es aquel que tiene que ver con sus fiestas y celebraciones. En este campo como en muchos otros, nuestro país es extremadamente rico en sus manifestaciones. La convergencia de diversas etnias y hasta las razas ha creado un variado caleidoscopio donde es posible apreciar desde los rituales netamente cristianos hasta las formas autóctonas andinas; desde la concepción occidental de la muerte, hasta las fiestas agrarias de los indígenas.

La convivencia de los diferentes elementos poblacionales ha logrado un mestizaje profundo y vital que forma el verdadero sustento de nuestra identidad”

En otros apartados del estudio se precisa el contenido de las fiestas, su extraordinaria puesta en escena y el exuberante contenido simbólico de las mismas, concluyendo que entre las más importantes manifestaciones populares e indígenas, las corridas de toros son un elemento básico de la riqueza inmaterial del Ecuador.