lunes, 8 de junio de 2009

Aficionados Prácticos en la Fiesta Taurina

La fiesta brava no es un deporte o un pasa tiempo ideado por el hombre, es un arte, una expresión, una manifestación del espritu del hombre de occidente, de la cultura mediterránea, es como dira don Miguel de Unamuno: una vieja y milenaria amistad entre el hombre y el toro..
El toreo naci, primero entre los señores "de a caballo" y después con los mozos "de a pi", como bien lo apunta el maestro Pepe Alameda en su amenaobra "La pantorrilla de Florinda o el Orgen Blico del Toreo" y tiene lugar por la larga invasión mora (ocho cientos años) a la península española, cuando la defensa más importante en esa lucha era la caballera, quien en sus largos trances de inactividad en el frente, se ejercitaban cazando y lanceando toros bravos, (sólo en la penísula ibrica se conservaron los toros bravos, porque en el resto de Europa se extinguieron), ejercicios que después sirvieron como entretenimiento y lucimiento de los caballeros en las fiestas patronales o reales, participando a caballo principes y señores de la realeza y a pi con sus capas sus mozos de estribo y posteriormente los aficionados del pueblo.
Como se advierte, la fiesta taurina nace y se refugia en los aficionados que practican el toreo por pasión, sin interés económico alguno, arrojando su integridad física y en ocasiones hasta la muerte, por el solo placer de hacer arte y vibrar por la emoción de sentir y vivir muy de cerca la muerte, en un ritual nico, luminoso y fascinante.
El espectáculo taurino, en las postrimeras del XVI adquiere su faceta profesional con toreros que son requeridos por los empresarios para lidiar en forma toros bravos en las plazas de la península y posteriormente enforma ordenada y reglamentada a partir de Francisco Arjona alias "Cuchares" en el siglo XVIII, generando con ello riqueza para muchos sectores de las comunidades, como los propios toreros, los empresarios, ganaderos, publicistas, etctera.
Gracias a la fiesta brava profesional, hizo posible la preservación del toro de lidia hasta el da de hoy, pues en el resto de Europa, Asia y Africa, donde no existió ni existe el toreo, se extinguió por la domesticación y el mestizaje con otras razas de bovinos.
Sin embargo, la fiesta taurina, en pocas de crisis, como la que hoy se vive en nuestro país, y de la que no se ve salida en el mediano y largo plazo, toda proporción guardada con el espectáculo profesional, con los aficionados prácticos contina viviendo y refugindose en los cortijos y en los tentaderos en festivales benéficos o de asistencia social.
Por ello, se explica el porqué y para qué, siguen en todas las latitudes del mundo de los toros, los aficionados prácticos como guardianes ocustodios de las más bellas tradiciones del arte del toreo.

Monterrey, N. L.Junio de 2008
HECTOR FRANCISCO NAVARRO GONZALEZ

viernes, 5 de junio de 2009

Espontáneo Ecuatoriano en Sevilla

Publicado por: José Hurtado
El espontáneo de de Sevilla es de origen ecuatoriano - Loja y en el pasado bolsín de de ciudad Rodrigo tuvo participación causando de los concurrentes a dichas capeas famosas de Castilla Leon; causo admiración como siempre lo hacia popular Conrado maletilla de mucha antiguedad con 82 años que hacia rugir los oles con sus lances a cada pedazo de toro que salen en dicha capeas, por estar don conrado ya indispuesto físicamente debido a su edad, este año no asistió y el público de ciudad Rodrigo lo estaba hechando de menos;cuando surgió este maletilla de ecuador de nombre Félix Gordillo de 60 años quien vive en Coria del Río Sevilla y el recorre los festejos populares que se dan por Castilla y Leon y Extremadura.

Este año ha hecho historia al lanzarse de espontáneo a un toro de Miura que estaban devolviendo a los corrales, demostrando ese valor que el público de ciudad Rodrigo y en donde va lo admiran a don Félix Gordillo con una afición mas grande que la del espartero.

lunes, 1 de junio de 2009

Filosofía del Toreo


POR JOSÉ MARÍA PEMÁNABC.
Madrid 23 de Agosto de 1951
Fotografía: Alfredo Pastor

No tenía por qué Manuel Sánchez del Arco, Giraldillo, hacer preceder su Filosofía del toreo de tantas pudorosas disculpas por haber acercado términos aparentemente tan distanciados. No han sido los revisteros taurinos, han sido los filósofos, los que han iniciado este acercamiento. La Filosofía, cada vez definida más laxamente, consiste en inquietarse sobre las cosas, todas. Se filosofa sobre el amor, los toros o sobre los jardines. Y se hace muy bien. Esa atmósfera existencial o vitalista que, de un modo u otro, reina en todo el pensamiento actual, urgía, ante todo, al filósofo a eso; a hablar de esas cosas; a ser leído por los toreros; a entenderse con los hombres de la calle. La gente empezaba a recelar de los filósofos, y si estos se mantenían cerradamente en sus aulas, utilizando sus lenguajes técnicos, se estaba viendo llegar el minuto en que les iban a perder del todo el respeto con un irresponsable "¿Y eso para qué sirve?" Pero los filósofos, a tiempo, les demostraron que aquello servía para hablar de toros, de amor o de política. Este libro de Giraldillo es la garbosa repuesta del revistero al filósofo.

Si el filósofo podía hablar del toreo, ¿por qué no iba a poder el revistero torear la Filosofía? Lo digo sin ironía ninguna. Se puede filosofar sobre todo, porque filosofía es todo lo que no es otra cosa: botánica, filología...o tauromaquia. Cuando se acaban las preguntas propias de estas ciencias o artes, y se continúa todavía preguntando, ya se está haciendo filosofía. Filosofía viene a ser lo que hablan sobre el toreo todos los que no torean. La audacia de Giraldillo está, pues, cubierta por millares de precedentes. En cualquier corrida ordinaria, el torero torea; y todos los demás filosofan. Y salvada así la licitud de la experiencia de Giraldillo, hay que agradecérsela mucho, porque era urgente y necesaria. Pocas cosas necesitan encajarse en conceptos y explicarse tanto como el toreo. No es ya por esa cuestión vaga y genérica de su crueldad que siempre nos ha desasosegado y que ordinariamente se ha liquidado con expeditivo "más lo eres tú", recordando el boxeo, la guillotina o la bomba atómica. Hasta a las razones más especiosas se ha recurrido para tranquilizarnos en esto de la crueldad. Se ha recordado, por ejemplo, que no un español bravío, sino el más racionalista francés, Descartes, sospechaba que los animales no eran más que máquinas de reacciones espontáneas y casi vegetales. La palabra "dolor", aplicada a los animales, es un término equívoco, porque, bien mirado, no sabemos lo que pueda ser un dolor no discernido por una inteligencia racional. Por eso Legendre sospechaba que el toro entra, sin doloroso esfuerzo, en el juego de la lidia y hasta que acaso le saca el gusto y se divierte mucho en ella.


También se ha tranquilizado a los escrupulosos explicándoles que, en definitiva, al toro no se le da tiempo a que le duelan mucho sus heridas, porque lo matan antes. Todo el que ha sido herido alguna vez sabe que no es el traumatismo de la herida lo que duele, sino la cura. No son los toros los que lastiman, sino los cirujanos. En este sentido, los toros son más felices que los toreros. Pero todos estos rodeos, un tanto insinceros, se han hecho inválidos ante la necesidad de razonar este punto de la crueldad no ya en la objetividad teórica de la fiesta, sino en la intimidad de cada uno. A medida que los "toros se han hecho más pequeños y se les han limado las defensas, nos hemos sorprendido todos protestando y reclamando la restitución de estos riesgos. Esto, bien mirado, es una atrocidad que está pidiendo a gritos un poco de filosofía para taparse y no quedar en desnudo instinto salvaje. Antes convenía filosofar sobre los toros por decoro patrio; ahora urge por el decoro personal de cada uno. Porque disimular el hecho es tonto. Nunca ha sido el toreo más estético, más exacto: nunca se han puesto más cerca los toreros de la fiera. Y, sin embargo, todo resulta inútil en cuanto "la fiera" no nos parece bastante fiera. Recibimos la emoción plástica del "ballet", pero no sentimos el nudo en la garganta, y advertimos la instintiva decepción de no haber venido a eso. De aquí el ciclón logrado por el torero Litri, sencillamente porque se las ha arreglado para encontrar la manera de volver a producir emoción trágica, de entrega y riesgo, aún con el toro actual. Por poco peligroso que sea el toro, cabe buscar el peligro de modo tan directo, que retorne el nudo a la garganta. Si el toro no da cornadas, cabe casi dárselas a él. Tampoco es muy peligrosa una bicicleta, y, sin embargo, si uno se pone delante en riesgo casi inminente de atropello, puede uno asustar suficientemente a unos espectadores... Giraldillo nos suministra una filosofía bella y suficiente para tranquilizamos sobre esos turbios deseos de más kilos y más puntas en los cuernos. Los toros son un sacrificio, un rito ancestral, no sanguinario, pero sí ineludiblemente sangriento. Hay que ligarlos con raíces micénicas, ibéricas y romanas de razas fuertes y solares. Los árabes nada tienen que hacer en este asunto. Esas plazas de estilo mozárabe no pasan de ser el tributo a una época cursi que dio ese mismo estilo a cosas tan poco árabes como las estaciones o las cervecerías, o tan universales como los evacuatorios. Toro y público son los dos elementos del rito. El torero es sólo un "oficiante" a nombre de la masa. Por eso, cuando da su estocada, la da vocalmente, con un aullido, todo el público. Por eso se protesta tanto del precio o de los sueldos de los toreros: porque siempre los fieles sienten repugnancia por lo que quita al rito su gratuidad. Y ya colocado el problema en ese terreno -sacrificio y rito entre toro y público-, todo se aclara y se tranquiliza.


Ese rito no existe casualmente desde el Redaño hasta las desembocaduras del Betis y el Tajo, salpicando a América, por casualidad. Existe como atávico rito de purificación y liberación de la crueldad animal y nativa, de esas ardientes razas solares. Según Sánchez del Arco, en los ruedos se han quedado, desaguadas en arte, muchas revoluciones potenciales. Todavía nos han quedado bastantes, creo yo; pero estoy dispuesto a admitir que de no matar tantos toros, nos hubiéramos matado unos a otros. Realmente, si se fija uno un poco, toda la crueldad del público de toros se dispara hacia el ruedo; en las gradas, salvo alguna bronca leve, hay mucha más guasa, risa, puros, novias y refrescos. De una corrida de toros sale el público tranquilo y sedante. Nunca sé que de una corrida saliera la gente para asesinarse o quemar conventos. Para estas cosas se ha salido de los Ateneos, de los mítines y aún de las cátedras. Es la inteligencia la que, cuando es cruel, lo es definitivamente, porque no se libera a sí misma tan estética y fácilmente como el instinto. Así, en el precioso libro de Giraldillo, los toros quedan explicados como una especie de gran drama sacroprofano. El caballo y el toro, las dos cumbres de la Zoología estética, debieran ser amigos. Pero el caballo traiciona al toro. Se deja domar por el hombre: y aún es él el que le sirve de instrumento para tentar o transportar a su amigo. Cuando, al fin, se lo encuentra el toro en la plaza, el caballo es su verdadero enemigo. La intervención del hombre es para librar a su aliado y pelear, luego, noblemente con el toro. Desde este punto de vista, la Tauromaquia es todo lo que se añade a esa pelea elemental de bestias, para abreviarla y disminuir los riesgos.

De ahí para arriba, lo cruel- los puyazos recargados o los pinchazos repetidos- es todo lo que contraría a la Tauromaquia; cuyas reglas vienen a resultar así como una especie de "cruz roja" de la batalla. Así entendido el rito, nos quedamos mucho más tranquilos y comprendemos que cuando pedimos más kilos y más pitones, no somos crueles, sino que velamos por la ortodoxia de la liturgia. Los toros son un gran drama elemental y sangriento, con la Filosofía al quite.

Los mandamientos de las Corridas de Toros



Por: Gregorio CorrochanoABC. Madrid, 16 de junio de 1955
Fotografía: Alfredo Pastor

Por las amplias puertas de la plaza va entrando la muchedumbre, que luego, en los pasillos, se dispersa en corrientes precipitadas en busca de los asientos. Las bocas de los tendidos parecen un manantial humano. Antes que los toreros, pisan el ruedo los encargados de retirar unos anuncios, que están caídos en la arena y que no sé si alguien lee. No es éste un decorado muy artístico y entonado, pero debe ser un alivio económico para la pobre empresa de Madrid. La música toca un pasodoble torero y salen las cuadrillas. Levanta esa cara, muchacho, no mires tristemente al suelo, que hay muchas mujeres en la plaza que han venido por verte. Un poquito más de garbo en ese andar cansino. Que no parezca que eres torero a la fuerza. No las entristezcas, que traen ramos de flores para ti, y alguna, más torera o más atrevida, te echará al ruedo un zapato como una zapatilla de torear, que está muy de moda. Anda con ese andar alegre y juvenil de pasodoble. Sale el toro. El que quiera ver bien una corrida, que no pierda de vista al toro. Donde está el toro, está la corrida. Que no se distraiga por mirar, a un torero.

Siguiendo al toro, ya se encontrará con el torero. Fíjate cómo corre el peón al toro, porque no es lo mismo que el peón corra al toro, que el toro corra al peón. Cuando éste se mete precipitadamente en un burladero, y no le da tiempo a esconder el capote, el toro se estrella en el burladero y se las- tima, es que el toro corre al peón. No le aplaudas los recortes. Cuanto más bravo es el toro, cuanto más fuerte se arranca, más daño sufre en los cuartos traseros, principalmente, con el recorte que le obliga a frenar y cambiar rápidamente de dirección. Sabed, que estos recortes están prohibidos y multados en ese reglamento que no se cumple. No incurras en aplaudir lo que está sancionado.

Si los recortes se multaran, y se publicaran las multas como se publican otras, el que aplaude se daría cuenta de que su afición también ha incurrido en multa. Cuando el picador barrena y mete el palo, aparta la vista del picador y mira al matador, que tiene un capote de brega y un turno para entrar al quite. (Entrar, ir a sacar al toro, ir a quitar al toro del picador, no esperar a que salga el toro cuando pueda del enredo del peto sin salida.) No le pidas al picador que saque el palo.

El picador, ni puede, ni debe sacar el palo. Es su defensa y la del caballo. Si saca el palo en el centro de la suerte, le estrella el toro. Aunque esté picando muy mal no puede sacar el palo. Es como si a un torero, porque está toreando mal, se le obligara a tirar el capote. Las suertes del toreo son buenas o malas, pero no admiten enmienda hasta que terminan. Lo que tiene que hacer el matador es precipitar el quite. Si quieres bien al toro, no te conformes con verle en dos puyazos de muerte, sino en varios puyazos de castigo. Si un matador entra en su quite, y el toro le pasa, y otro entretiene el suyo en no torear, es que éste no sabe torear de capa; quítale puntos. Si abusa en el quite del capote a la espalda, sigue desconfiando de que sepa torear. No pidáis que banderilleen los matadores. No saben ni los que parece que saben. ¿Quiebra alguno un par en los medios, como hacían antes los matadores para diferenciarse de sus banderilleros? No; lo que hacen es cuartear más o menos espectacularmente, sin cuadrar ni parar en la cabeza del toro.


Todo rápido, precipitado, confuso. No interesa. Prefiero al "Vito" y “Almensilla" . La distancia de la muleta al toro, no hay que medirla antes del pase, sino en el centro del pase y después del pase. Antes del pase, el terreno depende de la bravura, de los pies y del estado del toro por el exceso o falta de castigo. Se puede citar distanciado o muy cerca, del toro depende más que del torero; en la lidia de hoy depende del picador. Ni tan distante que el toro no acuda al cite, ni tan cerca que no se pueda adelantar la muleta, que es como se deben empezar los pases para ser completos. Cada toro tiene su sitio, como cada torero. Lo que hay que mirar son los pies del torero en el centro del pase cuando se está pasando al toro, la distancia a que le pasa, y la distancia a que se lo deja o remata el pase. Esa distancia, despegada o ceñida, y la quietud de pies en ese instante es lo verdaderamente importante del pase; más, mucho más que la distancia a que se coloca para dar el pase. Porque la quietud y la distancia en el centro de la suerte revelan que el toro va muy bien toreado, a su temple, muy embarcado en la muleta, que el que manda es el torero. El pase hay que rematarle, sin dejarse enganchar la muleta -temple- y llevarle, hasta dejarle a una distancia, que el torero no tenga que irse, ni dar un salto atrás, para ligar la faena sin interrupción, sin que pueda servir de pretexto salirse para saludar. Ya saludará después.El toreo debe fluir con naturalidad, sin violencias y espontáneamente. Todo lo preparado es artificioso, incluso los pases preparados de pecho, que no deben porfiarse, sino ligarlos en los remates de los naturales, como una consecuencia, que es lo que son. Los pases obligados de pecho, que es lo contrario de los preparados, porque supone pararse y echarse por delante un toro, con serenidad, sin enmendarse, cuando se le revuelve para cogerle.

Estos fueron siempre los pases más destacados. Si esto decimos de los pases preparados de pecho, que aunque preparados tienen calidad, ¿qué diremos de esos pases que se preparan retorciéndose, y se amplían echando el brazo a las ancas del toro, como en un coleo, que acaban en el pase del "tío vivo"? En los mandamientos de la estocada, no queremos entrar, hasta que un premio Nobel de Medicina descubra el tratamiento de la enfermedad del estoque de madera, y los matadores, ya curados, puedan practicarla, sin las deficiencias que hay que achacar a la lesión de la mano.

lunes, 18 de mayo de 2009

Hermoso y Controversial

Por Roque Iturralde G.
Hermosa y controversial a la vez, "violenta y tierna" (como dice una canción), la fiesta de toros genera cada día más discusión y polémica, a medida que nuestras sociedades se internan en la cultura light de la nueva era, a medida que los intelectuales hablan en los foros académicos sobre la posmodernidad y que los medios de comunicación reemplazan progresivamente las ágoras donde se discutía la filosofía, por capítulos renovados de Los Simpson y el Internet permite que niños de Argentina y de la India, se maten en los juegos en red, sin mirarse a los ojos, y sin saber quién está del otro lado de la línea.El encanto de la fiesta brava tiene algo de inexplicable, porque no es racional, porque no responde a silogismos o números. Tiene algo de atávico, pues nos remite a la emoción más primaria; el miedo y al enemigo más esencial; la muerte.Sí, porque en la plaza circula el miedo; miedo del torero, quien sabe que la única forma de salir ileso del embate de esas dos muertes afiladas que el toro tienen en la cabeza, no es enfrentarlas con fuerza, sino con extrema delicadeza.
La manera de que esas agujas no hieran de muerte, es dominarlas y bordar con ellas. Someterlas no es reducirlas, sino sumarse a su dinámica, aunarse con su ir y venir, armonizar la respiración con la del toro, entrar en su cancha y jugar con sus reglas de ritmo, velocidad, fuerza; ser parte de su dibujo. Sólo entonces, cuando la faena es una con el toro, el peligro aparentemente desaparece para el hombre y el miedo se convierte en logro, en placer, en euforia.Circula el miedo en el graderío; escondido bajo los sombreros y tras las copas de vino, el miedo es un secreto masivo que se suspira entre muletazos. Cuando el peligro es más que una novelería de fanáticas chic, la plaza se queda en silencio y se puede oír el rasgar del aire de los pitones duros, rozar de la arena de las zapatillas del toreo, el rumor del viento en la capa; entonces el toreo es real, deja de ser un "happening", para convertirse en un ritual, en el único ritual en el que puede llegar al ara del sacrificio, tanto el sacerdote como la víctima traída para el efecto.
Cuando no hay silencio en la plaza, es porque no hay miedo, es decir porque no hay ritual, no hay toreo.Y es el miedo el que dibuja laberintos en la arena, convertido en toro. Porque el toro embiste como efecto también del miedo. Ha crecido para defender su espacio, para no permitir que el trapo rojo, o el hombre de las luces y las estrellas, o la música, o los gritos, ocupen su lugar. Se sabe, se siente provocado y agredido y actúa para defenderse; solo que su estrategia no es huir, sino ocupar el espacio del otro. Solo los mansos huyen. No dan combate. Buscan artimañas para dañar, se van del lugar tirando cornadas, se refugian en las tablas. El toro, cuando es bravo de verdad, se sabe el guión. Sabe que el caballo es su enemigo y lo embiste con decisión cuando aparece en la plaza. Sabe que no debe distraerse un segundo en la pelea y por ello no raspa el piso buscando agua. Sabe que puede ganar la pelea, y por eso sigue en ella hasta el final.Con el término Thaumatsein, Aristóteles se refiere al asombro como elemento disparador de la sabiduría. Usa el término, para referirse a la sensación del hombre que, admira ante lo que encuentra de manera natural inexplicable, asombro-admiración que le lleva a preguntarse y reflexionar, y como tal, a la filosofía, base del conocimiento y el descubrimiento de la verdad.Acuña también Aristóteles el concepto de catarsis, trayéndolo de la medicina, y utilizándolo para referirse a la tragedia, que en tanto representación teatral, es de gran utilidad para los espectadores quienes ven proyectadas en los actores sus bajas pasiones y sobre todo porque asisten al castigo que éstas merecen, consiguiendo ellos de esta manera un efecto purificador.
La contemplación de la tragedia y la participación del espectador mediante su ánimo (entiéndase mediante su alma) en ella, hace que someta espíritu a profundas conmociones que sirven para purgarlo. Luego de participar en el duro castigo que el destino, y ellos con él, han infligido a los malvados, sienten su alma más limpia. Se sienten mejores ciudadanos.Así, la fiesta/tragedia de los toros recurre al asombro frente a lo inexplicable – la muerte agazapada en las agujas del astado –y provoca en el público la catarsis cuando la tragedia se resuelve a favor del hombre, cuya imagen delicada, ligera, indefensa, incluso femenina, triunfa finalmente sobre la brutal energía de su enemigo animal.Ese proceso de catarsis, en que la purificación se encuentra además artesonada con un nivel simbólico y estético que supera lo que la cotidianidad nos brinda y deja en el ánimo la impronta de un encuentro ritual lleno de una brutalidad ternura, que borda sobre la arena instantes plásticos y emociones que, una vez más, nos remiten a ese asombro primal.Mucho más que testimoniar el ritual, el público participa en él, de manera equidistante. Por el escenario es un círculo, por eso la plaza es un regazo, un vientre, en el que todos los actores, están a la misma distancia de la muerte, y el toro bravo, el verdaderamente bravo, ofrece siempre su muerte, equidistante de todos los asistentes.
¿A favor o en contra de los toros?¿Se puede estar a favor o en contra del mar, o de un huracán, o del amor?¿Es elegible el asombro ante la muerte y la naturaleza?¿Es el alma un músculo voluntario?¿Podemos congelar el miedo?
* Fotografía: JJ Ortiz

lunes, 11 de mayo de 2009

Manifiesto por la defensa de la tauromaquia


1. La tauromaquia es una manifestación cultural de los pueblos de la península ibérica y de algunos países latinoamericanos que heredaron esta práctica en procesos de transculturación a través de la historia. Surgió de la adoración del toro bravo como especie que representa la belleza física, la bravura y la capacidad de reproducción. Se fue materializando como arte popular a través de la evolución de prácticas y ritos espontáneos que pretendían transmitir esos valores a los hombres; de juegos lúdicos que se ejecutaban espontáneamente para demostrar su valor y experimentar sensaciones de riesgo; y por la necesidad de los caballeros feudales de aprovechar la condición de acometer del bos taurus, para emprender ejercicios de preparación para la defensa del territorio y de los hombres a su cargo.

2.Entendemos por cultura como el proceso en el que los individuos construyen, comparten y transforman sus sentidos. Sentido es el conjunto de representaciones, símbolos, arquetipos, conceptos y significados construidos históricamente: Todo aquello a lo que el ser humano dota de sentido durante su existencia. A través de este proceso se construyen los conceptos de identidad, diversidad y, por ende, de la convivencia.

3.Como lo expresara el filósofo y pensador José Ortega y Gasset, no se puede entender la historia de España sin tener en cuenta la fiesta de los toros. Por ende, también la de una parte de nuestra historia. La tauromaquia representa la evolución social de España, desde su estructura feudal, con una fiesta protagonizada en principio por caballeros aristócratas, pasando por la revolución industrial, con un nuevo protagonista, el torero de a pie, de extracción popular, una proyección del proletariado, hasta su consolidación como espectáculo de masas gracias a la invención del ferrocarril y el advenimiento de los medios de información.

4.Es un arte porque cumple las tres condiciones fundamentales para poseer dicha categoría: Su fin es producir una emoción estética; como tal, está en perpetua evolución; y como todo arte, se ejecuta para un público.

5.Su existencia permite, además, la conservación de patrimonios culturales tales como espacios arquitectónicos (las plazas de toros), vestuarios y adornos del siglo 17, una gran variedad de ritmos y piezas musicales que inspira, términos que enriquecen la lengua castellana y un amplio inventario de obras plásticas de los más renombrados artistas, que han visto en la tauromaquia un espectáculo sensible y digno de ser representado.

6.Económicamente representa la generación de riqueza, el pago de impuestos y la inversión de capitales, muchos de los cuales se dirigen a obras solidarias de un gran impacto social. Además, ofrece empleo a centenares de personas que pueden acceder, gracias a la existencia de la fiesta, a un ingreso y a una oportunidad laboral digna.

7.Los adultos que son profesionales de esta actividad y los jóvenes que aspiran a serlo, encuentran en la tauromaquia un espacio de expresión y de realización artística y profesional. Siempre que respeten las leyes y el orden, los proyectos de realización personal son un derecho fundamental e inalienable. Todos ellos, sin excepción, son ciudadanos que se insertan pacífica y constructivamente en la sociedad.

8.Ecológicamente, contrario a lo que sus contradictores argumentan, la tauromaquia posibilita la conservación de una especie que fue extinguida en el resto del mundo. Un animal que acomete era un estorbo para la productividad económica, a menos de que se le castrara, lo que, de entrada, es la negación misma de este animal. Además de que se cría en exigentes condiciones fitosanitarias y alimenticias, es la especie de la que se tienen los más completos registros genéticos del mundo, superiores a los equinos. Gracias a la tauromaquia, se conserva una gran cantidad de encastes y ramas que constituyen un gran capital de biogenética animal.

9.Estudios de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, demuestran que el umbral de dolor del toro bravo es muy alto. Este animal libera durante la lidia grandes cantidades de betaendorfinas, con un alto efecto analgésico que bloquea en grandes proporciones el dolor. Además, el toro libera menos cantidad de cortisol durante la lidia, es decir, su nivel de estrés es más bajo que en otras circunstancias como el festejo de recortes, donde no se le somete a castigo algunos, o a actividades que parecerían rutinarias como el transporte en camiones u otro medio tecnológico.

10.La abolición de este tipo de manifestaciones tiene como consecuencia la homogenización y estandarización de prácticas culturales, cada vez más promovida por tendencias hegemónicas y de libre mercado.

11.La fiesta brava es un acto democrático. Lo rige un reglamento, genera diversas opiniones y permite la calificación colectiva. Como tal, reproduce en su dinámica los conceptos legislativos, ejecutivos y judiciales, soportes de las sociedades occidentales.

12. Las expresiones culturales no surgen por decreto, simplemente existen o no. Colombia es un país pluricultural y diverso. Su abolición no sólo atentaría contra esa diversidad, sino que es, a todas luces, un gesto antidemocrático, resultado de la imposición de conceptos del bien y del mal, que viola todos los derechos a la libertad de expresión y al libre desarrollo de la personalidad.

13. La democracia se soporta en el respeto a la diferencia y a la ley. La tauromaquia es una actividad reconocida por la constitución colombiana. Los gobernantes, las autoridades y los servidores públicos deberán promoverla y protegerla, al igual que al resto de manifestaciones que hacen parte del patrimonio cultural inmaterial de la Nación.


Por todo lo anterior, quienes gustamos de la tauromaquia, tenemos derecho a cultivar nuestros gustos y aficiones. La libertad se basa en el derecho a la diferencia. Así como debemos respetar la libertad y los derechos fundamentales de quienes no comparten nuestro gusto, tenemos derecho al mismo gesto de reciprocidad.

Los toros una fiesta popular

El origen de la fiesta de los toros en el Ecuador se remite a épocas coloniales, tiempos en que los conquistadores españoles trasladaron al nuevo mundo los juegos de toros y con ellos marcaron el futuro taurino de varios países iberoamericanos. La Conquista determinó una maravillosa fusión encarnada en el mestizaje y presente en la adopción de una nueva fe y nuevas costumbres que con el paso del tiempo se convirtieron en elementos muy propios del continente americano.
La nueva realidad étnico-cultural, resultado del encuentro de dos civilizaciones, estuvo marcada por las circunstancias dolorosas de la guerra de Conquista y el establecimiento de un importante avance en materia cultural, social y tecnológica. La fiesta de los toros no se mantuvo al margen de la asombrosa simbiosis.
El sincretismo que se produjo entre las fiestas religiosas católicas contenidas en el calendario español y las ancestrales celebraciones indígenas nacidas de la cosmovisión propia de los aborígenes, facilitó que pronto se asumiera a los toros y sus juegos como elementos consustanciales de la cultura popular, adornados por los extraordinarios matices otorgados por la sierra andina y el mestizaje plasmados de manera multicolor por elementos de origen claramente hispánico y otros de raíz indígena y precolombina.
Así las cosas, podemos concluir que la fiesta de los toros ha formado parte de la vasta riqueza cultural de la ciudad durante más de cuatro siglos.

Riqueza inmaterial
En el libro “La Fiesta Popular en el Ecuador” de Oswaldo Encalada Vásquez son permanentes las referencias al toro bravo como el eje de los espectáculos populares que se celebran en prácticamente todas las parroquias y cantones de las provincias de la Sierra ecuatoriana. El autor en la introducción de la obra conviene en la validez del sincretismo social, étnico y cultural, apuntando que “Uno de los primeros componentes más importantes de la cultura no material de los pueblos es aquel que tiene que ver con sus fiestas y celebraciones. En este campo como en muchos otros, nuestro país es extremadamente rico en sus manifestaciones. La convergencia de diversas etnias y hasta las razas ha creado un variado calidoscopio donde es posible apreciar desde los rituales netamente cristianos hasta las formas autóctonas andinas; desde la concepción occidental de la muerte, hasta las fiestas agrarias de los indígenas.
La convivencia de los diferentes elementos poblacionales ha logrado un mestizaje profundo y vital que forma el verdadero sustento de nuestra identidad”
En otros apartados del estudio se precisa el contenido de las fiestas, su extraordinaria puesta en escena y el exuberante contenido simbólico de las mismas, concluyendo que entre las más importantes manifestaciones populares e indígenas, las corridas de toros son un elemento básico de la riqueza inmaterial del Ecuador.